jueves, 20 de mayo de 2010

Hacia el faro y hacia el pueblo, hacia el pueblo y hacia el faro

Siguieron la línea irregular de espuma que separaba el mar de la tierra. Iba desde el faro hasta el pueblo en un trayecto infinito y distinto en cada golpe de la marea. La línea guiaba sus pies desnudos sobre el arena al tiempo que los engullía y liberaba a cada paso. Uno desde el faro y otro desde el pueblo, ambos iban ataviados de la más elegante de sus desnudeces.

Aquella línea sería el comienzo para ambos, sería el comienzo al tiempo que suponía el fin de la orgía de olas que un día los había enredado y que ahora los ahogaba en direcciones opuestas. Necesitaban liberarse, dejarse fusionar con el mar y formar parte del universo infinito que les ofrecía la dulce danza de las mareas. Era necesario que siguieran aquella serpiente de agua que en la costa los dirigía en su desorientación por un camino distinto cada vez, pero eternamente inagotable. Un sendero tortuoso que al compás de las olas iba hacia el faro y hacia el pueblo, hacia el pueblo y hacia el faro.

Desnudos caminaron hasta llegar al conjunto de rocas que conformaba el punto medio de la playa. Se aproximaron a la roca más plana de todas, la que tenía forma de ostra y se sentaron sobre ella, con las rodillas sobre el pecho y los pies acariciando las olas. Sus pieles casi podían rozarse y sin embargo, no se percataron de la presencia desnuda del otro. Una presencia tan natural como la brisa del mar que los acariciaba e hipnotizaba en cada golpe contra las rocas. La distancia entre ellos era mínima, tanto que podían escuchar la respiración del otro perfectamente coordinada con el sonido del romper de las olas. Pero no cruzaron palabra, sus sentimientos, sus gestos, sus movimientos se fundieron con el mar y también ellos con él.

El sol caía en un punto donde sus miradas pudieron haberse encontrado. Abandonaron la roca con forma de ostra y siguieron caminando, hacia el faro y hacia el pueblo, hacia el pueblo y hacia el faro.

lunes, 17 de mayo de 2010

Diapositivas

La densidad de aquella habitación hacía imposible que el proyector pasara de una diapositiva a otra. Era Helena con tres años y medio. Cuando sonó el teléfono la densidad se resquebrajó. Llamaban del hospital. Fue entonces que aquella densidad se hizo lágrima y fundió la bombilla del proyector.

Gutun jasobidalia

Lagunetsai maitegorrotatua:

Atzogaur zurekin gogoratu naiz. Elkarbanandurik igarotako egun nazkazoragarri horiek ekarri ditut gogora.

Zenbat arratsalde parkean musulirainka, hitz zuribeltzak elkarri jaurtiz. Eta zenbat oroitzapen kafesne katilu horren azalhondoan. Zenbat argazki lotsati kaxoian, zure galtzontziloen artean galduaurkituak.

Zurekin gogoratu naiz hemenhan zaudela zure gutun damutua berirakurri dudalako. Zoriontxarrez zuregandik gerturrun nago eta gutun hori erantzuteko gai ikusten dut neure burua

Mezu argiluna bidali nahi nizuke, jada atzogaurko neska nahasi horrek nire garuna abandonatu duela kontatu nahi nizuke. Baina hobeto kafezkafe beroa eskuan dugula edozein gauegunetan.

Agur hotzbero bat

Ezbaia

sábado, 15 de mayo de 2010

-Una ventana se abre.-

-¡Está usted despedido! Pero mírelo por el lado bueno: Cuando una puerta se cierra….-

Ni siquiera presentó queja o denuncia alguna tras 37 años de leal servicio porque un compañero le dijo que “Quien se pica, ajos come.”

Al legar a casa lo encontró todo mango por hombro y una carta que decía:

“Quien no corre vuela, querido, y tú sabes que quien siembra vientos, recoge tempestades, y yo ya te aguanté bastante. Durante un tiempo pensé que quien bien te quiere te hará llorar. Pues aquí tienes: Donde las dan las toman, a cada cerdo le llega su San Martín, y este es el tuyo, Cariño.”

-Cría cuervos y te sacarán los ojos.- dijo el camarero devolviéndole la carta al pobre hombre.- No te preocupes, no hay mal que por bien no venga. Muerto el perro, se acabó la rabia. Y en cuanto a lo de tu trabajo, ya te avise que cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Aunque también es cierto que quien mucho se agacha el culo enseña. De todas formas cuando una puerta se cierra, una ventana se abre.-

Al llegar al apartamento la puerta se atracó dejándolo encerrado dentro de casa. Se sentó en la butaca mirando al ventanal abierto por donde entraba la brisa.

Empezó a recapacitar y analizó todo lo que le habían dicho: Cuando una puerta se cierra…. Después hizo el salto del ángel atravesando el ventanal.

En las puertas del paraíso le contó lo acontecido aquel día a San Pedro.

-No llego a entenderlo muy bien.- dijo San Pedro.- Entonces ¿Decidió que era mejor quemarse que apagarse lentamente?-

El pobre hombre le miró sin llegar a comprender.

-Mire padre, debo confesarle algo. Desde pequeño todo el mundo me decía que tengo menos luces que un barco de vela, lo cual no entiendo. Lo cierto es que nunca he llegado a entender nada. No le encuentro gracia a los chistes, ni sentido ni significado a dichos, proverbios, frases hechas y refranes. No los entiendo. Pero por suerte, ayer encontré una simple solución: Quizá no había que buscarle sentido a nada de ello….-

-Pero hombre de Dios.- le interrumpió San Pedro.- ¿No ve que cuando una puerta se cierra, una ventana se abre?-

-¡Sí! ¡Exacto! Como le decía, medité y medité y llegué a la siguiente conclusión: El sentido y significado de los refranes no es otro que tomárselos al pie de la letra. –

El hombre sonriendo le preguntó por su opinión. Y San Pedro, estupefacto, se repitió: Cuando una puerta se cierra, una ventana se abre.

Miró a los ojos de aquel hombre, y completamente descolocado y sorprendido, correspondió diciendo:

-Hijo mío, lo suyo no tiene solución porque contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano.-

martes, 11 de mayo de 2010

El capitán

Las gaviotas contaron al capitán que "La Veleta" no había sobrevivido al temporal. Es por eso que el capitán, ciego y en el exilio, desde su silla de ruedas con vistas al mar levó anclas.

Lydia

En el momento en que las polillas se llevaron a Lydia en volandas quedé prendado de su desnudez. Ahora, cada noche, la busco entre las sábanas mientras las polillas, "¡idiotas!", chocan contra la bombilla que parpadea en el techo roto de mi habitación deshabitada.

sábado, 8 de mayo de 2010

Aidel

"Regálame una lágrima" Pero Aidel no quería que Milto llorara. Aidel quería una lágrima para ella, para sus ojos acromáticos.

"Regálame una lágrima Milto. Una de ésas transparentes de libertad, cristalinas de tristeza. Por favor Milto."

Milto la miraba fijamente sentado en el suelo. Su espalda sostenía una pared verde en la que lo descascarillado dibujaba mapas grises.

"No puedo Aidel"

"Milto... una lágrima que abra esa ventana de par en par Milto. Una lágrima para poder respirar"

"Aidel..."

Las paredes semiderruidas de su comunicación resquebrajada se sostenían por los pilares de la costumbre y la comodidad. Una lágrima arrancada a Aidel derrumbaría la fragilidad de aquella estructura carcomida por los años y apenas sustentada por el miedo al poderoso dolor de las palabras.

"Me voy"

Y una lágrima resbaló por la pared descascarillada de la mejilla acromática de Milto. Y las paredes se derrumbaron a su alrededor al tiempo que Aidel era engullida por la luz de la escalera tras la puerta.

miércoles, 21 de abril de 2010

Elegía


Me entristece no encontrar palabras que escribir
para ti, hoy que palomas traen tristes mensajes.
Para ti, el que siempre tuvo ganas de vivir:
vivió intensamente, honesto, mas sin homenaje.
Hoy te dedico estos versos que no llegaste a oir
y una lágrima para que sea tu equipaje.
Hoy haré por ti un brindis negro en vaso eterno,
hoy que ha llegado para ti el solsticio de invierno.


martes, 20 de abril de 2010

Alba

Para leer, hacer click en el texto o agenciarse lupa.

lunes, 19 de abril de 2010

KORAPILOEN ORBAINAK

Korapiloen zauriak eztarrian
eta orbainak

hildako orri puxketan suizidatutako hitzak

orbainak

zure begiradaren isiltasunean


Hitzak orain korapilo nire eztarrian,
hitzak hiltzear nire begietan
Jaio aurretik hiltzear
ixiltasunean
Zure begiradaren orbainen beldur

Eta hitzak oroitzapen
eta hitzak zauri
eta orbainak berriz ere zauri
zure hitzen korapiloetan

jueves, 15 de abril de 2010

Amor verbal

Hacíamos el amor verbal.
En eso éramos expertos.

Le dábamos a la lengua con una soltura gramatical inigualable.
Mordisqueábamos verbos y sorbíamos perífrasis, pero también acariciábamos metáforas y abrazábamos hipérboles apasionadamente.
Entre nuestros labios superiores,
fluían invisibles las haches
y por los inferiores,
se escabullían silenciosas las eses.

¡Y qué bien lo hacíamos!
Éramos unos auténticos profesionales.

Los preliminares siempre constaban de lo mismo: dos o tres oraciones simples para empezar, algún que otro silencio y poco a poco la aproximación al análisis sintáctico exhaustivo.
Las oraciones copulativas también formaron parte del juego a veces, las menos; porque nosotros realmente hacíamos el amor verbal.

Y en aquella ceremonia tan nuestra, cada palabra nos excitaba más que la anterior hasta convertirse en un fluir incontrolable de fonemas,
un intercambio espontáneo de genialidades lingüísticas improvisadas,
un torrente inagotable de ideas que en puentes de oraciones enlazaban entre comas con las del otro.

Nosotros creábamos amor en palabras y lo hacíamos estupendamente.

domingo, 11 de abril de 2010

El malecón


Más allá de mis poemas está el malecón
en el que tus ojos se estrellaban contra mis labios
duchándome con la espuma de tu retina.

Allí, del charco que formaron nuestras lágrimas
nació un duende sediento de experiencias
en el fondo de cuya mirada se podía ver
el sabor que dejaban en mis manos tus caricias.


Aquí y ahora


Aquí y ahora
la vida tiembla, la vida llora.

Aquí y ahora
nuestras huellas brillan en las olas.

Aquí y ahora
el autillo ulula sus parodias.

Aquí y ahora
un suspiro crece y se desmorona.

Aquí y ahora
la vida huye de nuestras bromas.

Aquí y ahora
los versos sufren, la aurora se ahoga.

Aquí y ahora
una cobra llora entre las sombras.

Aquí y ahora
el ocaso es preso de las ondas.

Aquí y ahora
el tiempo se ríe en nuestra contra.

Aquí y ahora,
minuto a minuto, hora tras hora.

Aquí y ahora.


jueves, 8 de abril de 2010

Doña Margot (Locura, sana)


Para la gente del pueblo había perdido la cabeza, estaba loca y constantemente se podían oír historias descabelladas sobre la mujer. Una de las historias que contaban de doña Margot era, que de vez en cuando, algunas noches, salía desnuda al huerto trasero y se ponía a bailar al ritmo de alguna canción que albergase su cabeza. Todo un espectáculo.

Doña Margot apoyaba la locura, le encantaba la locura, sana (como ella la definía). En todo ser reside una cantidad de locura que con los años va aumentando. Según el camino que se escoja esa cantidad varía. La única diferencia entre la locura conocida por las personas del pueblo y la locura sana, es la persona que la padece. No depende de nada más. Es el individuo quién elige que hacer con ella y doña Margot ya lo tenía decidido. Bailaba bajo la luna en su huerto, perseguía a las gallinas y se bañaba de vez en cuando completamente desnuda en un pequeño lago cercano a su terreno. Bebía vino todas las noches mientras recitaba los viejos poemas de su marido. Todo era pura fantasía para doña Margot, todo lo que hacía la llenaba de una energía que nadie podía explicar, nadie sabía que pasaba con la mujer, pero lo que realmente sucedía ya lo dejaba claro la vieja doña Margot. ¿Cómo no podéis saltar de alegría cada mañana, besar a vuestra mujer, pasear por los campos bajo el sol o reír en la tormenta? Intentad comprender lo que os rodea, el sonido del primer pájaro al alba y entonces bailareis en vuestros huertos, perseguiréis a las gallinas y os bañaréis desnudos. Solo entonces me dejaréis de tomar por loca y comprenderéis la maravilla de la locura, sana"

domingo, 28 de marzo de 2010

Eguzkiloreen printza

Iritsi da denbora
bere momentuekin

Jaitsi da isiltasuna
kotoizko toboganetik

Heldu da
oharkabeko minutu itsuen fantasiaren itzala

Hortxe da
galdutako eguzkiloreen printza urdina,
hodeirik gabeko zeru hutsean izkutaturik
eta
izarren kriskilinaren doinuaz,
arimaren zerrailetik irristatuz doa

Zuregana

Beldurti

Zuregana

Txori librearen hegoen lumak laztanduz

Zuregana

Beti
betitasunaren errege, betitasunik existitzen bada

Zuregana

eguzkiloreen printza urdinekin

viernes, 12 de marzo de 2010

Petit Marlbrough

El 14 de Enero del 1958, murió Haumphrey Boggart. No es que tuviera excesiva relevancia ni que el mundo fuera a explotar como una carga de TNT junto a la chimenea. A ella, simplemente, le gustaba recordar de vez en cuando su media sonrisa y pensar que los inmortales no lo son tanto y que los mortales pueden aspirar a serlo.

La vigésima vez que recuerda la muerte de Boggart Sybilla está sentada en su tea shop favorita en los suburbs de Wichitah, el hoy desaparecido York Town. Esta primera vez que oímos hablar de Sybilla nos seduce la idea de una mujer acomodada, sencilla, que piensa en Haumphrey Boggart con un trozo de tarta en la mano. Pero, desgraciadamente, Sybilla no toma tarta, solo café cargado y no mata las horas arreglándose banales sombreros sobre el pelo enlacado. Siento tener que arrebatar al lector la idea de una mujer de tea shop y entregarles a la verdadera Sybilla, cuyas mejillas se hunden entre su flequillo de lana sepia, grisácea, mientras se acerca a la boca la taza de café. El olor juega travieso con el vello de su nariz (grande, estrecha, hermosa, altiva un monumento a la personalidad estética) para dar un disparo certero al cerebro, que se vuelve loco en descargas.

Esta mañana de Martes, a las siete de la mañana, Sybilla piensa en Haumphrey Boggart y nota como un cosquilleo baja por su espalda hacia el nacimiento de sus muslos. Siente como se le pegan las medias azules a las piernas en un arranque de calor y cierra los ojos. Suspira.

Sybilla olvida por un instante a Boggart y el aroma del café para fijarse en la primera plana del periódico. Nada interesante. Si los periódicos editasen cosas interesantes, hablarían a diario del Petit Marlbrough, el pequeño escenario de Madame Saint Cailluoux en the old town, en Douglas Avenue. Mejor dicho, al lado de Douglas Avenue. Aun mejor, en un callejón extensión de Douglas Avenue.

Ya absorta en el Petit Marlbrough, cerró los ojos una vez más, ya no para recibir descargas entre las piernas desde su cerebro ebrio de miradas made in Boggart, sino para situarse en el centro del escenario. En silencio. Se sienta, está desnuda, pero bañada en negro. Entonces comienza la música.

“¿Más café, querida?”Sybilla abre los ojos grises a través de las gafas y sonríe. “No, Martha, cariño, está perfecto. ¿Qué tal Louise? ¿Ha escrito ya?” “Si a esto se le puede llamar escribir…”

Martha es una figura encorvada antes de tiempo, una venganza del tiempo a la genialidad. Se escurre, porque Martha no anda, se escurre, escabulle, desaparece hacia la trastienda de su tea shop y vuelve con un sobre de franqueo trasatlántico, con esas líneas rojas y azules que hacen murmurar a las vecinas. ¿O era su sujetador de líneas rojas y azules lo que hacía encenderse las mejillas de Miss Dott? Sybilla piensa que basta de café, mira a la taza y recuerda que lo que en realidad escandalizó a Mr Dott fue que saliera a recoger el correo en sujetador y con calzoncillos de hombre.

“No tiene remitente” Martha se ha sentado a su lado, aun no hay muchos clientes. “Pero sé que es ella” La letra es inconfundible, añade Sybilla, mierda.

“Querido antes, infancia, pasada, vida,

Ayer morí.

Visité la ciudad de las grandes avenidas y la de las grandes torres.

Averigüé que Le petit Marlbrough es una canción Francesa y decidí que no me iba a la guerra con ella.

Noté manos en mi nuca, empujones en mi pecho, una mirada a mis espaldas.

Sentí que el mundo lo sabía. Sentía que la vida se escapaba por mi mirada y quería ser mundo y saberlo todo.

Ayer morí.

El fénix renace de sus cenizas.

Le di mi vida a Noelia

La expulsé de mi corazón y se la pasé a sus pulmones de hada.

¡Cuida de mi hada, ziatka!

Yo soy un alma en pena.

No como, no vivo, vivan las rosas en el Sena, los tulipanes en el Támesis.

¡Cuida de Noelia, Ziatka, y enséñale a volar!

Te amo como los peces aman el agua, Martha.

Pídele perdón a Marlbrough porque no iré a su guerra.

Louise

Sybilla se quita el pelo de lana de delante de los ojos. Mierda.

“¿Sabes tu quien es Ziatka?” “Yo soy Ziatka, Martha” Yo soy el pájaro. Sybilla cae en un torrente de recuerdos y se acuerda de cómo Loise, con lágrimas en los ojos, disparaba una bala de tinta roja sobre el pájaro negro que bailaba desnudo sobre el escenario. Y la música, el xilófono, el disparo, un Gong. Y cae la tierra, cae el equilibrio, muere la felicidad porque matamos la libertad, llora Marlbrough en los vestuarios. Hay que hacer la guerra. ¿Y, cómo? La cara del indio, porque Marlbrough es ya hombre, un hombre de unos veinte años con sangre Lakota, la cara del indio es una sonrisa de Haumphrey Boggart. Nos acerca a una revolución. Y Louise llora por haber matado a Ziatka, el pájaro, la libertad. ¿Noelia?

“Martha, Noelia…” “Noelia es su hija. Pensé que volvería para dar a luz…” Martha trata de no llorar, sus articulaciones son nudos de árboles. Al fin, mira a Sybilla.”No va a volver…”

Las dos mujeres estrenan la mañana del sábado cogidas de la mano. Sybilla, en cierto modo, podría imaginar el futuro. Adivina la aparición de Noelia en los brazos de una desconocida turista Europea que cree estar haciendo un favor a una pobre heroinómana, la pena de Marlbrough…Pero ella seguirá bailando desnuda, pintada de negro, sobre el pequeño escenario de la madrastra de Malbrough. Cuando la niña tenga cierta edad se montarán en un autobús y volarán a Nueva York, porque no se puede aprender a volar en Wichita. En el viaje en autobús le contará a Noelia que, si lo intentan pueden ser inmortales, y no como Haumphrey Boggart, que murió en el cincuenta y ocho, sino de verdad.

La sonrisa de Bogart


Era particularmente singular.
Tenía los ojos orientados hacia su yo más profundo, pero sus pestañas, sin embargo, apuntaban desafiantes al mundo que la rodeaba.
Los cordones de sus zapatos siempre fueron gris azulados por mucho que Bogart insistiera en que eran azul grisáceos y ataban con delicadeza un par de calcetines donde a diario guardaba los pedacitos de su singular particularidad.

Bogart era el único que sabía su secreto. Porque Bogart veía cómo cada noche ella desataba los cordones y del dobladillo de sus calcetines sacaba pedacitos de papel que colocaba ordenadamente en su mesilla de noche.

Sufría de insomnio. De falta de sueño. De insuficiencia de sueños. Y tras varios tratamientos fallidos ella misma encontró el modo de conciliar o más bien reconciliarse con Morfeo.

Bogart la entendía. Comprendía por qué era incapaz de construir una realidad distinta y distante cuando caía el Sol. Bogart sabía que mientras que a él, papel en blanco y negro pegado a la pared, recuerdo de cigarro y sombrero de un clásico estancado en el tiempo siempre le quedaría París a ella siempre le quedaría St Martin sur rive.
En los pedacitos de papel rescataba las farolas de St Martin, sus adoquines desordenados, sus zumos de plátano y fresa y verano, las golondrinas azules… Los rescataba en personas y antros del enjambre de edificios en el que sobrevivía, los colocaba en la mesilla y soñaba.

Bogart entonces la obervaba, rendida, convertida en un póster en blanco y negro revelado por la melancolía del recuerdo perdido en ensoñaciones. Era un póster en blanco negro postrado en una cama.

Ella era particularmente singular.
Ella era la sonrisa de Bogart.

Cuenteando

Cuenteando ando contando que ayer un libro se abrió de par en par en mi ventana.
Cantando ando cuenteando que me saludó cuando llegué a casa y me contó un cuento cantando.
Cantando me cuenteó que un día un libro se asomó a mi cuento abierto de par en par en mi ventana.
Porque había una vez un cuento que cuenteando cantaba.

miércoles, 10 de marzo de 2010

El fin del mundo


Caminas hasta el fin del mundo.
Y allí te asomas.
Y no puedes evitar pensar
qué habrá más lejos.
Y puedes ver a la poesía
llamándote desde el horizonte
porque para ella en realidad
nunca han existido los límites
y siempre está por delante
persiguiendo tus mismas aspiraciones.

lunes, 8 de marzo de 2010

-La ilusión de llamarse Hermógenes García.-

Lacra y desdicha deseo
Acusante con el dedo.

Insto desde aquí al lector,
Lejos de parecer malhechor,
Urda mala desgracia
Sobre aquellos que un día
Ilusos y ciegos
Optaron sin remordimiento
Nombrar así a su bastardo.

Desde pequeño de mí se reían
Esperé que eso acabaría.

Lejos de parecer malparido
Lentamente descuento los años
Antes o después cumpla
Madurez legal, y así
Ante juez de buena peluca
Remedio justo obtenga,
Sin mucha polémica espero,
En cuanto a cambiar mi osamenta.

Hermógenes es mi cruz
Espero ustedes no se rían.
Respeto su actitud, aunque
Mofa de mi desgracia sea.
Ostia y mala puñalada reciban
Gañanes sobre la tierra

En cuanto mi nombre cambie
Ninguna burla escucharé,
Eso pronto acabará.

Sabrán desde entonces felicitarme
Galardonado por tan alto honor.

Antes no era nadie
Recibirme ahora por lo que soy.

Compañeros me despido
Incitándoos a llamarme desde ahora:
Aurora García.

domingo, 7 de marzo de 2010

Alquimia

Me gustaría dexilar
el elixir de la creatividad
y regar con él mis plantas
para que crecieran con poemas escritos en las hojas.
Aunque, probablemente, no podría entender el idioma.

Potencial


Las palabras son como semillas:
individualmente no valen nada
pero cada una encierra el potencial de una historia.
Y cada historia contiene miles de palabras,
autoperpetuándose la literatura.

lunes, 22 de febrero de 2010

Arimaren zirrikituak

Zirrikiturik balego. Ariman zirrikiturik handik sartu eta bere sekretu guztiak deskubritzeko. Zirrikitu batekin nahikoa litzateke. Nahikoa handik buelta bat eman eta horren ostean bake miligramo batzuk eskuratzeko.
Baina bakerik ezin da lortu ariman zirrikiturik ez badago. Jasoneren ariman zirrikiturik aurkitzea ezinezkoa zen. Jasone sekretu bat zen bere osotasunean. Jaikitzen zenetik oheratu arte sekretu deskubriezina, zirrikiturik gabeko sekretua. Bere begiradak berak, Jasoneren sekreturik gordinenak izkutzatzen zituen, arimaren ganbaran gordetzen diren horietakoak. Sekretu gris eta distiratsuenen itzala igar nezakeen bere begietan. Baina ez nuen sartzerik. Beste askotan lortu dut. Begietatik sartu eta arimaren zirrikituren bat topatu dut noizbait. Baina Jasoneren begiek ez zidaten inoiz aukera hori eman.
Badago beste modu bat ere arimaren zirrikituak topatzeko. Begiraden gurutzaketa. Lau begiren arteko zubi sendoak eraikitzean posiblea izaten da arimaren zirrikituak aurkitzea edo gutxienez haiengandik hurbil egotea. Baina Jasoneren begien itzal gris distiratsuek begiraden gurutzaketa oztopatzen zuten neutraltasunez eraikitako harresiak bailiran.

Jasone hil behar dut. Bai, beste batekin saiatuko naiz, Helene beharbada. Bai, hori da, Helenek badu zirrikiturik ariman. Zaila da topatzen, baina behin aurkituta altxor zoragarria da Heleneren arimaren zirrikitua. Jasone hil egin behar dut. Horixe egingo dut, behin bere begi grisak ahaztuta errazagoa izango zait Heleneren zirrikitutik barrena abiatzea.

"Heleneren begi beltzak begiradak xurgatzen espezializaturik zeuden eta nirea osorik xurgatu zuten tabernan sartu bezain pronto"

Badago. Hemendik aurrera Jasonek ez nau gehiago kezkatu behar. Obsesionaturik ibili naiz pertsonaia horrekin, eskerrak Arantzak pertsonaiak hiltzen irakatsi zidan.

Arantza... Arantzak ez du ariman zirrikiturik.

miércoles, 17 de febrero de 2010

-No más estrellas.-


Anoche pasaron por la televisión a Audrey Hepburn fumando en una boquilla tras el reflejo de un escaparate.

“Bogart hubiese preferido piruletas a Rubios en Casablanca.” Dijeron los de arriba.

Se permite fumar.

Yo no fumo pero lo que me mata, es que me lo prohíban.

Todos ellos, todos, saben lo que les espera. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso es una nueva forma de combatir a la eutanasia?

“La juventud” Arguyen otros. Como si fuese una razón de peso.
Eso no acabará con nosotros, con nosotros acabará que estando gordos, calvos y posicionados se nos siga tratando como críos, prohibiéndonos chucherías.

De algo hay que morir, no se puede vivir por siempre con el miedo del dolor de los años.

Digo esto porque no fumo.
Digo esto porque todavía se me permite compartir mis pensamientos liados en pedacitos de papel.
Todavía no se ha demostrado que el café mate. Dadles tiempo, pronto leeremos:

Se prohíbe pensar porque me impide controlarte.

-Ayer soñé que moría.-

-Ayer soñé que moría. Me desperté empapado en sudor y con la necesidad de verte.
No importa lo que pasó, no quiero estar enfadado contigo para siempre.

Ella se le quedó mirando, con mirada fría e inescrutable y le preguntó cómo moría en su sueño.

-Prefiero no hablar de ello, era inquietante y al mismo tiempo yo parecía tranquilo y contento.

Ella empezó a pasear y él la siguió. Le preguntó por María.

-Está bien, gracias. Se ha quedado dormida abrazada a mí. Desde que nos dejaste ella ha sido un gran apoyo y siempre que estoy con ella me siento feliz.

Ella dijo que ya lo sabía y él se inquieto.

-¿Cómo es que lo sabes?-

Ella le dirigió hasta su casa donde encontraron a María dormida sobre las rodillas de su abuelo. Se encontraba sentado en un sillón con los ojos cerrados, con una pipa medio consumida en la mano derecha y el libro “Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll abierto, apoyado sobre el pecho en ese fragmento que dice:

“Noto una sensación parecida de sublime vacío, a veces, al jugar a la oca, si el juego dura, tres, cuatro horas bastan los ruidos, el traqueteo de los dados, el golpear con la ficha que adelanta, el choque de dos fichas. Conseguí que Marie se apasionase por este juego, a pesar de que ella siente más afición por el ajedrez.”

Entonces él se quedó mirando y su tez se volvió pálida, había resultado no ser un sueño.

sábado, 6 de febrero de 2010

Hutsik

“Eskuliburuen orbainetan loretxo urdinak asmatzen nituen txikia nintzela.” Esan du Luisen belarrian, ohean biluzik daudela. Eta hutsik geratu da Erika. Bederatzi hitzetan eman du bere azken sekretua, sekretua ez dena.Izan ere, sekreturik gordinenak ez dira sekretu kontatzen diren arte.

Eta hor dago Erika, biluzik, hutsik. Bere buruaren azken printza sabaian egin du habia, enara baten antzera. Eta Luis, saibaira begira, haren sekretuaren, sekretu ez denaren, jaun ta jabe, epaile.

Hutsik geratzea orri zuria izatearen antzekoa da. Bat batean eta korrika betetzeko antsia goxoa dauka bizitzaren maitalea. Eta nor da ba Erika baino bizitzaren maitale hobea? Koloreak nahi ditu orain berak, bere maitasuna Luisen eskutatik askatzea eta, margo gorria bezala, sorutik bota, kaletik bota, airerantz bota. Eta airetik…airetik ibaiak bizirik dauden hiritarantz zuzenduko du haren arimaren lema Erikak. Haien ur urdin-berdexketan bainatzeko asmoa dauka, berriro burua betetzearren urez, amodioz eta loretxo urdinez. Forget-me-nots. Nomeolvides.

Luis ez dago jada sabaira begira. Erikaren begiak bildu ditu haren ariman eta uso bihurtu dira.

“Inor begira ez zegoenean euriaren dantza egiten nuen nire etxeko atarian, euriak lakua eratzearren eta lakuak nire paperezko txalupak piraten irletaraino eraman zetzan.”

Erikak muxu eman dio Luisi belarrian. Hutsa ez da jada hutsa eta maitasunaren margo gorriz lore bat margotu du Luisen bularrean.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Autómatas

Voy a ponerme a escribir sin más.
Escritura automática, se llama.
O al menos eso dicen.

Sólo los autómatas deberían hacer escritura automática.

Quizás yo sea un autómata.
¿Cómo saberlo?
A veces dudo si hago las cosas
tan sólo por impulso,
como si me hubieran dado cuerda y dicho:
"ve, pequeño, y sé tú mismo...
tal y como fuiste diseñado".
Dos palmaditas en la espalda, y un
"vuelve cuando te empieces a sentir diferente a los demás".

Puede que los autómatas hagan escritura reflexiva.


martes, 2 de febrero de 2010

Si al menos te escuchases

Si al menos te escuchases

en la bóveda de un estómago que grita

murciélagos chirriantes

palabras en putrefacción


Si al menos te escuchases

las manos sedientas de otra sed

los ojos escapados al reflejo de otra ventana

los pies encarcelados en una sábana de lija


Si al menos te escuchases

como cuando las gaviotas eran olas

y las olas eran viento de sal

y la sal arena de rocas de pluma de gaviota


Pero tu sordera es fiel a tus oídos miserables

huecos

ecos


Si al menos ...

domingo, 31 de enero de 2010

DOÑA ESPONJA Y DON GEL

Bajo la intimidad de un pestillo cerrado Doña Esponja y Don Gel protagonizan la más higiénica de las orgías en medio de una revolución de burbujas y espuma. Hyvää ruokahalua!!!!

Ceniza

Desde las escaleras del Distrito Norte, a un click:(para leer, click en la imagen)

lunes, 25 de enero de 2010

Entre nubes moradas de tortuga

Tengo un teclado en los dedos, unos dedos en la cabeza y una cabeza en las nubes.

Las nubes se convirtieron en tortugas moradas el día que Michelle abandonó su casa. Desde ese día la casa de los Lapierre pasó a llamarse la casa abandonada y no era distinta a toda casa envuelta en hiedra característica de cada una de las aldeas del valle.

La hiedra trepa por mi balcón, mi balcón vuela sobre un precipicio de cascadas de almíbar, y el almíbar ahoga los melocotones de mi bañera.

La bañera de Michelle era redonda, casi tan grande como la piscina de la señora Rougeaux. En ella se había ahogado su hermano Jean Auguste cuando buceaba para encontrar su velero hundido y la mano se le enganchó a la cadena que sujetaba el tapón del desagüe.

Desde el desagüe de mi fregadera Jean Auguste suplica ser rescatado con voz de tubería, las tuberías se anudan en lazos y los lazos despistan a las ratas.

Las ratas roen la conciencia de Michelle,pero Michelle no sabe que Jean Auguste no murió. Michelle no sabe que Jean Auguste navegó en su velero por los difíciles mares de las cloacas y fue a parar a un lago de bronce que por la noches brilla como un medallón en simbiosis con una luna siempre llena.

La luna llena tiene cara de mujer bondadosa en mi ventana, mi ventana llama a la puerta y tras la puerta: Michelle.

Es Michelle con su maleta verde. En ella guarda un par de medias, medio par de libros y un velero de juguete. Dice que en la mansión de los Lapierre hace mucho frío y se sienta junto a la lumbre. Veo un velero convertirse en humo y navegar entre nubes moradas de tortuga mientras huye por la chimenea.

En un lago de bronce, muy muy lejos, Jean Auguste se prepara para hacer frente al fuego enemigo de los piratas mientras las lágrimas de Michelle apagan la lumbre mi cocina.

Tengo los dedos fríos por un teclado que ayer se me perdió en la nubes (en las nubes moradas de tortuga)

jueves, 21 de enero de 2010


Ella se cortó los cabellos y de los cañones negros salientes de su cráneo escaparon las lágrimas que los ojos desterraron. Y fueron esas lágrimas las que acabarían rigiendo las mareas del nuevo mar que se aferraba en un abrazo de oso a las paredes del piso.
La mer, sus ojos, el vacío, el abismo, la caída del olvido.
Sus cabellos negros flotaban sobre balsas de sal.
Nadé hasta ella, le hablé al oído, sentí su frío contra mi pecho abierto en dos y le tapé los ojos.
Porque ella me miraba sin mirada, me hablaba sin voz.
Abrí la ventana. Hubo una cascada de agua salada sobre los ladrillos rojos. El nuevo mar era libre en el aire y la luz del sol de invierno se reflejó en la cascada. La luz se reflejó en sus ojos, y ella la guardó.
Entonces, dejaron de llover lágrimas sobre sus hombros, me habló con mirada y me susurró con voz.
Una lágrima se deslizaba desde su mejilla al hueco de su clavícula.

lunes, 18 de enero de 2010

Despreciable por indescifrable

Despreciable por indescifrable la comisura de tus labios

cuando pronuncias ...

Entre algodón azul y calcetines de lana roja
Postrada en sueños de mantequilla
Hipnotizada por el olor de seda de los copos de nieve bailando un vals tras la ventana

cuando pronuncias...

Buscando la voz más honda entre la niebla de tus pensamientos
Explorando en tu garganta la profundidad de unas palabras repletas
Tintineando sílabas escurridizas de cristal de bohemia

cuando pronuncias...

Apenas despiertas recién del sopor de un día a la carrera tras la vida
Nada más pescas con tu media violeta el tranvía huidizo y lombriz de las tres
A punto de chocar tu perfume contra tu reflejo en el espejo agotado

cuando pronuncias...
En lenta espesura de voces
Entre tibia timidez de tinieblas
Con el misterio venciendo al miedo acobardado

cuando pronuncias...
"despreciable por indescifrable
por inalcanzable
por inexplicable e inexorable
la comisura de tus labios"

domingo, 17 de enero de 2010

Confesión


Sí. Vale. Lo confieso: soy culpable
de beber en fina copa ilusiones,
de confraternizar con los gorriones,
de no moverme nunca en suelo estable.

Culpable de describir lo inefable,
de cabalgar páginas de emociones,
de defender mis ideas con razones.
¿Acaso es un crimen tan deleznable?

A mi favor tan solo puedo decir
que yo, jugando al póquer con la luna,
le gané su brillo, y no se lo acepté.

¿Pero de qué me serviría insistir?
Desde pequeño, estando en la cuna
pequé contra la norma, y me condené.

Huyo


Huyo. Huyo de la carrera de las sombras
que corren entre las ruinas de los parlamentos
a través de la destrozada ciudad de los ideales.

Huyo, y en la distancia la contemplo.
Contemplo la cruel carrera de miedos y ambiciones.
¡Vacía competición, llena de tormentos!

Las sombras llegan corriendo desde la nada
y, bajo la atenta mirada de las gárgolas,
hacia la nada de nuevo se dirigen.

Las sombras compiten sin sentido.
Sin saber por qué. Sin saber para qué.
Sin saber que corren en círculos.

Por un momento las observo, sí.
Y, a medida que mi piel se tiñe de esperanza,
doy media vuelta y huyo.

Y huyo, sí. Huyo con la sonrisa del viento
y un amanecer tatuado en mi mirada.
Sin saber a dónde, pero huyo.

martes, 12 de enero de 2010

CONFESIÓN ARMÓNICA

Es preciso que mencione las razones por las que ayer por la tarde decidí asesinarte. Ya lo sé, ya no importa, lo entendiste en el mismo momento en que machacaba tu armónica a porrazos con la silla. Pero necesito justificarme, o al menos, recordarte el cúmulo de circunstancias que desencadenaron que ayer a las cinco y cuarto bajase los escalones que separan mi piso del tuyo. Debes de saber que utilicé la misma llave que me copiaste hace más de cuarenta años para abrir la puerta. "Entrar,limpiar,cocinar,salir" dijiste, hace más de cuarenta años. Y entré en tu casa como siempre lo hacía "Entrar,asesinar,salir,huir" pensé. Cogí tu armónica y la lancé unas cuantas veces contra el suelo del salón. Tu sombra me observaba, tranquila ,serena, sentada en el butacón donde tú con las piernas cruzadas te limitabas a esperar. Por supuesto, aquello me irritó aún más. Me acerqué a ti y te lo dije, te dije que iba a matarte. Asentiste. Me di la vuelta y seguí a porrazos con la armónica, esta vez con la silla como instrumento de faena. Te levantaste y encendiste el tocadiscos: la quinta de Beethoven. A continuación, volviste al butacón a reunirte con tu sombra. Encendiste un cigarrillo. Apenas podía distinguir tu cara perdida entre el humo y la oscuridad. Tuve miedo de no acertar. Apunté y supongo que sonreíste. Disparé.

Es preciso que mencione las razones por las que ayer por la tarde decidí asesinarte. Y lo haré, lo haré porque creo que una armónica estampada en el suelo de tu salón no dará demasiadas pistas a un policía idiotizado. Lo hiciste. Decidiste morir. Hace tres semanas desde que la música de tu armónica dejó de colarse por el patio a mi ventana a las cinco y cuarto.¡ Cómo pudiste! Te abandonaste. Ibas a morir. Querías morir. Yo sólo te ayudé. Sonreías, sé que sonreías.

viernes, 8 de enero de 2010

En la curva de tus pestañas

Quiero hacer autostop en la curva de tus pestañas,
lanzarme por el tobogán de tu nariz
a la canoa de tus labios entreabiertos

¿me dejas?

Me gustaría colgarme de los rizos de tu pelo
y susurrarte, mientras acaricio tu lóbulo izquierdo,
que adoro el semicírculo perfecto de tu hombro derecho

¿me lo permites?

Deseo escalar y descender con las yemas de mis dedos
cada una de las montañas que conforman la cordillera de tu espalda
Y así poder alcanzar… tu cima

Y que vengas
Y yo vaya
Y que vayas
Y yo venga

Y entonces tú busques
El angosto desfiladero que ocultan mis pechos
El camino a mi boca bordeando mi cuello
La cueva que esconden mis labios

Y al fin llegues a la curva de mis pestañas
Y allí me esperes
Haciendo autostop