martes, 30 de junio de 2009

Calor

Tiene así como un aura de oro.

Sobre la acera vagan palomas blancas

descansas

Por la carretera humea el asfalto

Por tus ojos corren reflejos de los coches, motos,

Transeúntes

En las ventanas se reflejan los rayos de sol

En tus rodillas se marca la cal de las paredes.

A través de los escaparates se ve el reflejo de la urbe

A través de ti se ve el mar

La ciudad dormita

Tú sueñas

La ciudad crece

Tú te encojes

Calor

Brisa

El verano consume,

Pero a tus ojos la tarde tiene así como un aura dorada.

jueves, 25 de junio de 2009

Muerte a medianoche

La campana del tranvía sonaba a lo lejos, coreada por las doce campanadas que marcaban la medianoche y un tintineo de cristal contra el suelo.

Eran unos pies tan finos que si hubieran pisado por encima del agua flotarían. Eran tan finos que parecían agujas de coser que, como un segundero con sobredosis de cafeína o un corazón acelerado por la inminencia de un beso, bajaban en cascada, deprisa, las escaleras del Distrito Norte. Esas enormes escaleras negras, ya sabe usted cuales le digo, las que cuando la niebla inunda el corazón de la ciudad parecen flotar sobre la inmensidad. Tranquilo, ahora voy al grano, me dejo de poesías, pero es difícil cuando se habla de este caso, comisario.

Ella llevaba unos zapatos de cristal, cómo los de Cenicienta. Pero ya me dirá usted, señor comisario, cómo iba a bajar las escaleras del Distrito Norte con ellos. Los dejó en los primeros escalones y continuó, ahora sus pasos eran golpecillos ahogados.

Ella llevaba una chaqueta de estrellas en el que se veía el infinito, los viajes en el tiempo. Pero ya me dirá cómo iba a bajar las escaleras hacia la ciudad con una chaqueta de sueños sobre viajes, con la crisis que se nos cae encima, el infinito para otro día.

Ella poseía unos cabellos negros que susurraban sobre el amor como combustible de la enorme maquinaria que es el mundo. El amor como verdad absoluta no es una manera apropiada de penetrar en esta ciudad, eso lo sabe usted bien, así que se cortó los cabellos y los dejó en la escalera número 24.

Su mirada, señor, gritaba, pedía a gritos un poco de originalidad y locura. Pedía vida, pedía arte, pedía sol y lo quería ya. Pero una mirada así siempre será ignorada aquí abajo, como si no tuviéramos otras cosas en las que fijarnos. Cómo si no tuviéramos nuestras propias necesidades y agujeros interiores que rellenar. Cómo si no nos valiese con nuestras propias carencias. Ella lo sabía, y dejó sus ojos en el escalón número 42.

Ella tenía un alma blanca, y le encantó como quedaría el blanco contra el negro de las escaleras. Porque aun guardaba en ella esa necesidad de ver, de sentir, aunque su mirada no lo dijese, aunque sus cabellos no lo susurrasen. Tomó su alma y la dejó en el escalón 60.

Siguió bajando, tambaleante, hasta que, en el último escalón, el 71, sus pies, tan finos como agujas de coser, pisaron por última vez.

Dónde antes estaba ella, ahora había una mancha de tinta.

-Estamos hablando entonces, de un suicidio.

-Señor comisario, dudo que la muerte de la Ilusión pueda considerarse un suicidio.

domingo, 21 de junio de 2009

Al final será verdad...

A ritmo de Broadway

Julieta se dedicaba a sacar fotos de anocheceres robados.


Un hombre de negro paseaba todas las noches por una calle aparentemente desierta.


Aitor se sentía inspirado desde su ventana azul por los pasos del hombre de negro. Sonaban a Broadway. Broadway Blues.


Un gato, atigrado y tuerto ronroneaba bajo la música del saxofón que tocaba Broadway Blues.


Un pajarillo cojo escapaba del gato tuerto que ronroneaba desprevenido. Llamémosle Bu.


Bu es la reencarnación de la sociedad ante el mendigo que pedía ante la iglesia. El pobre Bu se empeña en cojear cuando puede volar.


Una señora le daba limosna al mendigo filósofo que le sonreía con una sonrisa desdentada y sincera. Clara.


Clara se llamaba la hija de la señora, que bajo mantas de ganchillo y un libro en sus rodillas escuchaba Broadway Blues y ronroneaba, a su manera.


Mientras tanto, un ratón blanco escapaba de Clara y subía al alfeizar de la ventana. Observaba el anochecer y lo robaba. Lo saboreaba, lo olisqueaba, se llenaba de él, consciente que el anochecer no es para los ratones blancos. Lo sabía, y lo robaba, se lo guardaba en su corazón blanco también y notaba cómo se teñía de rojo.


Julieta, desde un puente de piedra, se dedicaba a sacar fotos de anocheceres robados.

martes, 16 de junio de 2009

-Mister Pepels.-


Yo jugaba en mi habitación con la pelota cuando mamá llegó del hospital. Papá me dijo que mamá estaba muy cansada y que necesitaba descansar.
Papá tenía los ojos rojos e hinchados.
Nos sentamos a ver la tele y yo fui corriendo a mi habitación para coger a Mister Pepels, mi dinosaurio verde con el que siempre veía la tele y que por las noches me protegía de los monstruos del armario.
Tras los dibujos animados, empezó el telediario con una noticia: “La polémica aumenta ante la nueva propuesta de la ley del aborto que…”

-Papá. ¿Qué es el aborto?-

Papá apagó la tele y se fue a la terraza a fumar.

Aquella noche mamá no me acostó con un beso en la frente.

Al día siguiente, jugué con Mister Pepels al balón y pinté un dibujo de Papá, mamá, Mister Pepels, mi hermanito y yo.

Hace ya mucho tiempo que papá y mamá me dijeron que iba a tener un hermanito pequeño.
Yo le enseñaría a jugar a la pelota y a tirarse por el tobogán. Porque aunque tenía cuatro años, ya sabía subir yo solo las escaleras. Y también jugaríamos con Roberto y Miriam, la hermana pequeña de Roberto.

Cuando terminé el dibujo, fui corriendo a la sala de estar donde papá y mamá estaban juntos. Mamá estaba muy pálida y tenía también los ojos rojos e hinchados como papá.
Me acerqué y dejando el dibujo sobre la mesa dije:

-¡Mirad! Este es papá, esta eres tú, mamá, este soy yo, Mister Pepels y este pequeño es mi hermanito. ¿Cuándo va a venir? ¿Podré enseñarle a subir al tobogán y a jugar a la pelota?-

Mamá rompió a llorar y corrió a su habitación cerrando la puerta con un sonoro portazo.
Papá encendió un cigarrillo y empezó a llorar.

-¡Papá! ¿Por qué lloras? ¿Y porqué mamá está así? ¿Está malita? ¿He hecho algo malo?-

-No cariño. No has hecho nada Lo que pasa es que tu hermanito no va a poder venir. No ha sido culpa tuya. Tú te portas muy bien. Lo que pasa es que mamá tuvo algunos problemas y….-

Cuando terminó, me fui sin decir nada a la habitación a por Mister Pepels. Me senté en el sofá y encendí la televisión donde una señora muy seria hablaba acerca de la nueva ley del aborto. Me levanté y apagué la tele.

Ya no podría enseñarle a jugar a la pelota, ni a bajar por el tobogán. Ni tampoco, podríamos jugar con Roberto y Miriam, los cuatro juntos.

Me volví a mi habitación y junto con Mister Pepels empecé a rodar la pelota contra la pared. Y esta volvía y yo la volvía a lanzar.
Al menos, tenía a Mister Pepels para poder jugar.

Miré el dibujo. Lo cogí y lo tiré a la basura. Ya no servía. Él no vendría.

EAU DE TOI

Viejo perfume conocido

“Eau de toi”


Huele a tostadas por la mañana

y a zumo,

pero a zumo exprimido en tus dedos

“Eau de tes doigts”


Y huele a cartas

y a sellos

y letras conjuntadas en palabras imposibles

tan imposibles como “numismático”

¿recuerdas?


Huele a recuerdos

y a sueños

huele a tu pelo en mi cara,

en mis sueños,

en los sueños de mis recuerdos

“Eau de rêves”


Y te sueño

y te huelo

y te inspiro

y te espiro

y te pierdo

domingo, 14 de junio de 2009

Café francés

Dentro de escena.Una terraza de una cafetería. Francia. Dos sillas. Una mesa de metal. Las sillas puede que de metal también. Un indefinido y carcomido por el sol anuncio publicitario de fondo. Llovizna. El toldo hace las veces de paraguas.

SANTI: Dos cafés au lait (Al camarero. Santi parece alterado, le tiembla la mano izquierda un poco. Desvía de vez en cuando la mirada, un poco. Desconecta, piensa y gesticula)

HELEN: (con un rotulador azul oscuro escribe sobre un taco de papeles. Es muda. Escribe: ¿Seguro que café? En sus ojos azules hay un interrogante irónico)

SANTI: Lo que sea, lo que sea… ¿qué más da café que té que cerveza? (suspira) Es la vida…nonono…la ciudad, es la ciudad. ¡Pasa todo tan lento! El verano se pega a la piel…

HELEN: (Escribe: ¡El calor se pega a la piel! y entorna los ojos.)

Llegan los dos cafés. El camarero cobra y desaparece de escena. Un segundo de silencio por el personaje perdido…ahora bien:

SANTI: Gracias…(Al camarero) Ahora bien (A Helen. Cambio con un brusco movimiento de cabeza) hoy mi vecino de enfrente se ha ido a declarar a la chica de la frutería de abajo. Tras escribir mil y un cartas de amor en bolsas de papel de la frutería ha bajado las escaleras a tiempo para romperle el corazón a mi amiga la que trabaja en el periódico con él. Le ha hablado, emocionado, por fin, Nuria, le ha dicho, por fin voy a decirlo. Nuria no ha podido más que romper todas las cartas de amor que le había escrito en recortes de la sección de anuncios por palabras. Y todo para que Esteban el del edificio de enfrente, amante de las mariposas, haya aparecido con un billete de lotería premiado al que iba a medias con la frutera. Han planeado un viaje de un año por Sudamérica.

HELEN: (Le mira intrigado, cómo si esperara una continuación. ¿Y? Escribe)

SANTI: Pues que mi vecino, Raoul, me ha invitado a un café en su apartamento, descorazonado…Y yo…yo no puedo sino observar todo y darme cuenta de que la vida…la vida…(mira hacia los lados, buscando algo. Hasta que posa la mirada en el café) La vida no es más que café. Café francés. (Le da un sorbo) Aguado y amargo café francés.

HELEN: (Le sonríe, con la mano libre le añade una buena ración de leche a la taza de Santi. Se sirve así misma y vuelve a sonreírse.)

Santi se queda mirando la taza de café. Los ojos muy abiertos. Fuera de escena.

sábado, 6 de junio de 2009

En la calle Pintoresca

En la calle Pintoresca, en el número 38, entre dos rascacielos vive Juan, en una casita de papel de periódico.
En los días de fiesta, entre el sábado y el lunes, lee las noticias en su ventana.
En la flor de la vida, entre la niñez y la edad adulta vive Mariam, en una casa distinta cada día.
En los sueños de Mariam,en ésos que no puede cumplir, entre la realidad y la ficción hay un hombre que reaparece sin cesar.
En la mano derecha del hombre, sujeta con fuerza, entre los dedos pulgar e índice hay una llave.
En la calle de la casita de papel de periódico, entre la ventana y una farola, Mariam sueña con una casa de revistas de recetas de repostería.
En la ventana, perdido entre la duda y la cobardía, Juan observa a Mariam y piensa en tartas de chocolate.
El algún lugar del mundo, entre el número 38 y la llave de un sueño, dos seres sonríen y se saludan tras una ventana de papel de periódico y recetas de repostería.

domingo, 31 de mayo de 2009

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El sol inundaba de luz la mecedora de su agonía. Mientras, vivía otra vez...... y moría.



-colaboración anónima

jueves, 28 de mayo de 2009

Siempre hay una papelera más

Cogió un pañuelo para sonarse la nariz “¡alergia de mierda!” Se sonó y lo guardó en el bolsillo, junto con Pablo y su “¡cállate de una vez!” Siguió andando por el parque, lleno de flores, lleno de polen. Atravesó las terrazas donde los guays se sentaban a tomar un cafetito a las once de la mañana en “el decanso”. Volvió a sacar el pañuelo, esta vez estornudó la bronca con su madre “¡parece mentira!con todo lo que he hecho por ti…” “¡alergia de mierda!”; sacó otro pañuelo mientras se metía el que estaba ya lleno en el bolsillo a pesar de que tenía una papelera delante de sus narices “siempre hay una papelera más” Efectivamente, el parque estaba plagado de ellas, había una a cada paso. Siguió andando y estornudando y moqueando las lloreras de Laura que últimamente no dejaba de tener problemas con Rubén y las exigencias de su jefa, esa gafotas que no paraba de pedirle trabajos siempre para ayer “¡alergia de mierda!” Tenía los bolsillos llenos de pañuelos húmedos y empezó a meterlos en el bolso “pronto se me acabarán los kleenex y a ver qué hago entonces” Su nariz siguió goteando y su paso se iba ralentizando a medida que cruzaba el parque. Se sentía pesada, llevaba demasiados pañuelos en los bolsillos y aquel polen… Empezó a tener dificultades para respirar y poco a poco vio cómo las flores que la rodeaban empezaban a volverse fosforitas, aunque asustada, aquello le arrancó una pequeña sonrisa. Zarandeándose siguió atravesando el parque entre la hilera de papeleras que bordeaban el paseo central. Estaba cerca de la salida y pronto alguien la socorrería, estaba a tres o cuatro pasos, a dos papeleras, y cayó sobre una de ellas, porque siempre hay una papelera más, hasta que llegas al final del parque, lleno de polen.

lunes, 25 de mayo de 2009

DESDE MI CAMA

"Quiero escucharlo otra vez" Y entonces apoyaba su cabeza sobre mi tripa, su oído justo encima de mi ombligo,desnudo, siempre desnudos. Yo respiraba y él entonces suspiraba, pero de placer. "¿Sabes que desde tu ombligo se puede escuchar el mar?" A continuación me contaba como cada espiración mía coincidía con una ola que rompía en la orilla y yo le decía que de las olas surgía la brisa que se escapaba lentamente por su nariz.

Hoy todavía consigo llegar al mar desde mi cama, desnuda, siempre desnuda

viernes, 22 de mayo de 2009

Cuentan cuentos

Y si barcos varados cuentan cuentos de tesoros escondidos, ballenas varadas cuentan historias de persecuciones eternas con el capitán Acab. Si botellas en el suelo hablan de peleas de bar que ni el muerto  recordará, botellas en el mar muestran, transparentes, caligrafías nerviosas, letras alargadas que intentan acercarse al cielo, pidiendo socorro.

O eso piensa K., genio de las tinieblas, se asoma a la vida de demasiadas personas, y, como si de una ventana se tratase, mete en ellas hasta el cuello y se retira. Porque piensa que la imagen de una sonrisa de mujer guarda un amor de primavera, y sueña que el querer captar la perfección  de una flor alberga un alma recluida y  está convencido de que las fotos de grupo, son la imagen perfecta. Porque juntan historias, muchas muchas historias que él se guarda en el bolsillo de la camisa para luego poder saborearlas, pensar en ellas, cuando no tiene nada que hacer.

A la hora de la comida, entre la una y las tres, se sienta y mira a la luz roja, recostado sobre la pared de hormigón y piensa en esa imagen de arco del triunfo, algo movida que parece seguir con la mirada la caída de una hoja de otoño en Les Champs Elysses. Se sonríe. Hasta que llegan las cuatro y entra un nuevo paquete por la ranura de la puerta. Un nuevo lote de historias. Desenrolla el carrete y aborda la imagen de un atunero noruego.

-Reveladas para mañana-al otro lado de la puerta

Y si los barcos varados cuentan cuentos de tesoros escondidos, atuneros noruegos cuentan…

viernes, 15 de mayo de 2009

DESATORNILLANDO


Desatornillando, destaronillando, destornillatando, destartonillando, de estar tornillo tanto que no te enternillas de nada, te destortinas, te desterillitinas o te desternillas según, pero no desatornillas que es lo que necesitas, desatronillar, no, destaornillar NOOOOOOOO ¡DESTORNILLATA TORTINA!

sábado, 9 de mayo de 2009

-Globales y delirios.-

Nervios. La hoja en blanco, la mente tres cuartos. Toda carta de improvisación está fuera de servicio. Media hora y no has escrito más que tu nombre.
“De esta no me libro” piensas.
Ni la fecha has escrito. ¿Te da miedo que se pueda localizar tu fracaso en un tramo temporal? Miras con la cara compungida en derredor. Todos con la cara pegada al pupitre y otros se estiran disimuladamente para buscar ayudas en una palma de la mano, o un papelín en el redoble de una manga o de una falda.
Deseas que te trague la tierra. No sabes por donde cogerlo y tan solo se te repite el deseo de que alguien entre por la puerta y te pegue el tiro de gracia. Sudores fríos recorriendo tu espalda y escalofríos por todo el cuerpo… Ha llegado tu hora…

Todo oscuro. Efectivamente estas empapado de sudor y babas, pero tan solo era una pesadilla. Pasas las manos por tus moradas ojeras y te quitas de encima una ingente cantidad de legañas. “Jodido susto” piensas. “Jodidos globales” rectificas. Al pasó que vas, ya tres noches con las mismas pesadillas, sin dormir, y todavía no has hecho el primer examen, no llegarás al Domingo sin que te de algún delirio o un desmayo.
Te levantas y te diriges a base de palpaciones y traspiés hacia la cocina. Le das al interruptor y entras antes de que llegue a encenderse. Las luces parpadean durante unos segundos con un zumbido constante y penetrante hasta que finalmente se ponen de acuerdo en encenderse del todo. Para entonces, tú ya has alcanzado un vaso y la botella de Coca- Cola. ¡Eso coño! Más nervios al sistema. Como si no estuvieras ya suficientemente nervioso.
Al abrir la nevera para dejar la botella, descubres en la estantería de arriba junto a la ensalada de pimientos el peluche de un gatito en posición fetal como durmiendo. Te quedas mirándolo un tendido rato, quizá unos segundos, o quizá un cuarto de hora… Eso es lo bueno de la noche, que el tiempo es como si se detuviese.
No te preguntas ni que hace ahí, simplemente sueltas un bufido de envidia por la suerte que tienen algunos de poder dormir jodidamente bien aunque sea al lado de unas hortalizas y a una temperatura de 6º grados.
Sales de la cocina y vas al baño…¡Las luces, alma de cántaro, que estamos en crisis y no podemos despilfarrar de esta forma!… ¡Bien! Así está mejor, ya podemos seguir. ¿Por dónde…
¡Ah sí! Estas sentado en el inodoro mirando al espejo. Mirando tu reflejo. Mirando tu reflejo en el reflejo de tus ojos que se ve reflejado en le espejo. Eres ridículo. Estas tan dormido que te has sentado con la tapa bajada y los pantalones puestos. ¡ESPABILA! Tendremos que acabar esto en alguna ocasión ¿No? No quiero estar aquí relatando hasta el amanecer.
Alargas la mano a por papel higiénico y para tu suerte no queda. Rebuscas en los cajones y Dios sabe porque abres la ducha… Allí para sorpresa mía y regocijo tuyo, hay un paraguas negro abierto en cuya punta hay un rollo de papel sin estrenar. ¡Manda narices! Ya decía yo que dormir tan poco te pasaría factura… el gato en la nevera, embobarte con el reflejo, y ahora esto. Un paraguas en una ducha con un rollo de papel…
Tira a la cama, que falta te hace y cuidado con la puerta del pasillo, que esta entreabierta y te la puedes comer, como hace unos meses que por el golpe, caíste al suelo y empezaste a sangrar de la nariz.
Eso es, métete en la cama con cuidado. Descansa pispajo, que mañana será un nuevo día para poder estudiar donde no recordarás seguramente nada de esta noche. Tan solo dices unas palabras antes de volver a inmiscuirte en tus pensamientos y adentrarte en cuerpo y alma a tu subconsciente: “Buenas noches y buena suerte”

sábado, 2 de mayo de 2009

EN PAPEL DE PERIÓDICO


Envuelto en papel de periódico, como tus zapatos, aquellos en los que quedaron impresas las necrológicas del lunes. ¡Qué mal gusto! ¡Las del lunes precisamente! Me lo llevo envuelto en papel de periódico porque he pensado que será mejor así, que si llueve podré retener en él todo eso que cuentan sobre la gripe porcina y algo más… Creo que podré retener en él lo que no se ha quedado en mi cabeza. Mejor lo envuelvo en papel de periódico, no lo vaya a perder, no se me vaya a oxidar en papel albal. ¿Que no tienes el periódico de hoy? Tranquila, ahora mismo lo compramos, sí, ahí mismo, en ese quiosco, en el que está envuelto a la vuelta de la esquina.No te importa ¿verdad? Es sólo un segundo, tú me lo das, yo lo envuelvo y dejamos que la lluvia haga el resto. Ya casi estamos, bien, tómalo, yo me encargo.

Lunes 4 de Mayo de 2009
Primer caso de gripe porcina en París. El infectado, un joven de 21 años, fue contagiado por una chica que dejó sus labios rojos dibujados en el periódico que ambos habían comprado el lunes de la semana pasada.

domingo, 26 de abril de 2009

El desierto


El sonido del desierto es el de un arco entre las piernas de Hanibal. Dong.
No el de un desierto de dunas, sino de uno de tierra sedienta que reclama a gritos agua, el de la tierra castigada y convertida en mosaico. Un puzzle. Y, bajo los pies, la arena acompaña al arco de Hanibal que entre Dong y Dong acaricia la tierra. Sobre su piel continúan las grietas de la tierra convirtiéndolo en parte del mosaico. Sobre su piel de ébano, una caricia sonaría como los pies sobre la arena, Schh.
-Hola-le dices, por romper el silencio.
-Hola-Dong.
Te sientas frente a él y observas al hombre de arena que, desnudo sobre el desierto, hace sonar un arco. ¿Por qué sabes que se llama Hanibal? Lo más seguro es que se llame Hasif o Aanumar, parece que todos los comerciantes de la zona se llaman así. Pero él no es un comerciante y esto no es un oasis.
-¿Qué hago aquí?-piensas en voz alta. Las sombras estáticas delatan la falta de nubes. Parecen un cuadro cubista. Una caja con su sombra idealmente cúbica es tu asiento y el horizonte se ve, limpiamente horizontal, por detrás de la cabeza de Hanibal que lejos de parecer desesperado por la soledad, mira risueño al arco tallado. Dong.
-Escuchas.
-¿Escucho?
-Escuchas la historia de un hombre que enamorado por la soledad, puso rumbo a lo más profundo del desierto para no ser de nadie, luchar por nadie ni ver morir a nadie más. Fue tan cobarde cómo para huir pero no tan valiente como para poner fin a su huida. Anduvo y anduvo y descubrió en sí mismo su mayor enemigo y amigo. Descubrió que el hombre en sí no es nada más que el legado que le deja al resto de seres humanos. Porque, si nadie te recuerda, eres desierto. Un chacal más, una culebra de los caminos que cumple su compromiso con el desierto y muere aplastada bajo el pie del caminante. Poco a poco se olvidó del hambre y de la sed, se olvidó del sueño y las quemaduras del sol. Llegó al corazón del desierto y, allí, en la paz absoluta y la conciencia absoluta de sí mismo, decidió que prefería no existir a volver al horror. Sería por siempre desierto, el hombre de arena. Y la brisa expandiría su cuerpo por el mundo y sería eso, todo y nada. Se descolgó el arco y empezó a tocar.-Dong
-Nadie puede ser olvidado.
-Nosotros somos desierto. Todos. Mi hermano, mi madre. Mi tierra es desierto porque es teñida de sangre, pero nadie la recuerda. Y lo que no recuerdas no existe.
Dong
La brisa se levantó y levantó arenisca del suelo. Dong.
La brisa se volvió viento y el hombre de arena, empezó a ver cómo se deshacían sus manos, sus pies, su rostro.
La brisa, en un último soplo, trajo unas últimas palabras.
-El nombre de aquel hombre, era Hanibal.
Las bombas te despiertan. Es de noche sobre el oasis de Moxan. Hay que moverse. Las luces del fuego en el horizonte se elevan hacia el cielo. Un grito inútil. Mientras la caravana huye de la guerra y la muerte, occidente tiene el televisor demasiado alto como para oír el grito del desierto que desaparece, olvidado. Se lo lleva el viento.

martes, 21 de abril de 2009

SOLO PAPEL Y SIN ACENTO


Una denuncia más que merecida y con argumentos sólidos a la Biblioteca de mi “barrio” para rellenar hueco en este blog últimamente en ayunas (¿con tilde? Sí, va por ustedes o por usted si lo lee)
Vamos a ver, gentecilla de poca monta ¿qué es eso de SOLO PAPEL y sin acento en las cajas azules que desperdigan por doquier allí donde la gente va a “estudiar” y distraerse? ¿Cómo que SOLO PAPEL? ¡Por favor, Don bibliotecario o encargado de la organización del amasijo de libros! ¡He visto una carta en su SOLO PAPEL! Había también una nota en la que, cito textualmente, ponía “si has llegado a esta página y quieres un café te espero a la derecha de la máquina que vomita un sospechoso líquido marronzusco junto a la puerta de entrada” ¿SOLO PAPEL? ¿Y que me dice, Don bibliotecario, de los preciosísimos esquemas de taxonomía que adornaban la caja bajo la nota del café? ¡una auténtica obra de arte muy señor mío!

Si realmente quieren que esos cofres del tesoro se llenen de SÓLO PAPEL y con acento, creo que podrían empezar por amontonar en ellos esa cantidad de libros de autores que se creen alguien porque ellos saben y nosotros no que en el año X Doña T y Don H decidieron firmar un tratado P del que nada se ha sabido hasta ahora y por ello hablan con una sospechosa voz autoritaria que como mucho intimidaría a una hormiga con complejo de inferioridad porque en lo que a mi respecta Doña T y Don H podrían irse a procrear tratados P a la Conchinchina.

No es SOLO PAPEL mi querido bibliotecario.

P.D: Leí su último libro con mucha atención, ahora descansa en una caja azúl y con acento

miércoles, 8 de abril de 2009

El crujir de una manzana


Ésta podría ser la descripción del sonido más agradable jamás escuchado o simplemente el breve resumen de lo que se experimenta al dar el primer bocado a una manzana. Pues bien, es innegable que cuando uno se dispone con suavidad y cierto arte intrínseco a aproximar los labios a la piel de la manzana sabe que en unas milésimas de segundo sus dientes harán crujir la misma para darle ese bocado único e irrepetible de todas las primeras veces. Como toda primera vez, uno no puede dejar de sentir esa emoción, ese cosquilleo en el estómago que le provoca el dulce olor (o ácido según el tipo de manzana ante la que nos encontremos) de la piel pura y virgen a la que le será arrebatada su primera porción. Es entonces cuando nuestros dientes como cuchillas arrancan apasionadamente la perfección de cuajo para hacerla sonido. Música deleite de todos los sentidos. Los ojos se cierran impulsados por la locura que provoca la exquisita fuente que emana la fruta, las manos se aprietan fuerte contra su piel agarrándola con fuerza, no se vaya a escapar, la lengua saborea la dulzura del instante que a punto está de pasar a la historia y los oídos… ¡oh! Los oídos tratan de guardar en el apartado de la memoria reservado al primer bocado de las manzanas ese glorioso sonido indescriptible, ese comienzo de melodía tan placentero, ese bocado robado al silencio, ese primer mordisco al placer.

viernes, 3 de abril de 2009

...Flip flup flap


Siento. Siento de alguna manera estrambótica debajo de mi oreja izquierda que esta vez lo conseguiré.
El sistema es sencillo, arcaico. Antiguo. La mariposa será conservada, por siempre hermosa, por siempre nuestra, si la atravesamos con una aguja y la dejamos así, prisionera de una aguja y una base.
¿Qué son las palabras sino agujas? ¿Qué es el papel sino la base primordial? ¿Qué es la pasión, el motor de la vida? Pues una mariposa. Mariposa: Criatura misteriosa que nos crea un cosquilleo extraño en la boca del estómago. Es un ser bamboleante boluptulante blamplublampte. Humo de incienso. O de cigarro, o de explosión. Volcánico. Flap, flup, flap.
Y conseguiré atraparte de una vez, sobre el papel, y la inspiración agonizará para mí por siempre atrapada por una aguja de coser.
Pero las palabras son agudas. Hay que tener cuidado cómo usarlas. Porque puede que, si no tengo cuidado, si termino envolviéndome yo mismo de su magia, se me claven en las yemas de los dedos y entre gotas brillantes de sangre roja mi alma agonice sobre el papel y acabe yo momificado sobre la blancura del papel, agonizando eternamente, siervo de la inspiración, de la pasión y de la vida misma.

sábado, 28 de marzo de 2009

Un mordisquito


Un mordisquito nada más. Eso era, un mordisquito. Mordisquito que se convirtió en gula y ansiedad, en necesidad y desesperación. Uno nada más y Marga comenzó a caer, dulcemente, pero siempre hacia allí abajo, hacia aquello que no conocía y no parecía darle miedo en absoluto. Un bocadito de nada a un pedacito de nube blanca y el mundo dio más de mil vueltas de pronto. ¡Maldito sabor a nada llena de todo! Era dulce caer, la sensación de no llegar jamás al final, la despreocupación total y absoluta. No pensar. No pensó. Pensó en no pensar y lo hizo: un mordisquito tan rico que volvió a pensar: otro y a no pensar de nuevo, y otro más. Cada vez más abajo subía muy alto. Cuanto más caía más sentía que pronto llegaría aquello en lo que no quería pensar, en lo que no podía pensar, en lo que ya no sabía que había decidido dejar de pensar. Pensar… en otro bocadito, otra dosis de cielo envenedada y encantada. Sabrosa y tentadora adicción incotrolable, eso eran sus nubes desde la primera vez que de niña jugó como todo el mundo a proyectar su mundo en ellas. Por eso quería volar y acariciarlas, alcanzar su mundo de allá arriba y para eso lo único que tenía que hacer era dar tiernos bocados deliciosamente insípidos y dejarse seducir por el cosquilleo que la caída a lo alto de su mundo le producía cada vez que sentía el contacto de ese bocado en su piel.

- ¡Rápido! ¡Se nos va! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Reacciona joder! ¡Vamos!

Sublime el mordisquito. Eterno el mordisquito. Delicioso. Insípido y frío entre las nubes allá abajo por fin, en lo más alto.

jueves, 5 de marzo de 2009

A chocolate

Aquella tarde cuando entró a la cocina, olía a chocolate.
Olía a chocolate sin quererlo, casi con la inocencia de un olor que no es más que el reflejo de todo, que parecía querer decir que él ni siquiera pretendía serlo. Pero olía. Y fue un chispazo de lucidez, un rayo atravesando su mente en blanco, puesta desde las ocho de la mañana en automático.
Chocolate, como una tarde de invierno, como un día oscuro, como un día en la estación. Chocolate, el azúcar por las nubes, las nubes bajo los pies. La tierra tan lejos…
Si no hubiera olido a chocolate no hubiera recordado. Se hubiera quedado en otro momento anecdótico, en un segundo sin importancia.
Afuera hacía frío, un susurro, vaho en las ventanas, aquel susurro, sus labios eran rojos y gritaban a susurros: tango. “Tango” Tango…fruto del recuerdo la palabra cuelga en el olor a chocolate. Y la música. Y tormentas. Un Dos Tres, Tango.
Pero, odioso pero, olía a chocolate, y a palabras escondidas, y a razones sin importancia y a silencio. El silencio. Le rompía los tímpanos el silencio. Silencio, silencio, y por su oreja caía una gota de sangre, se deslizaba por el cuello y se perdía. En silencio. ¿Y el tango? Un Dos…
El tango se perdió junto con el olor a chocolate, por la ventana. Hacia fuera.Blanca se sentó en la silla de la cocina. Cuando entró en la cocina olía a chocolate y ahora por el recuerdo le sangraban otra vez los oídos de silencio.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Juré que nunca poesía

Juré que nunca poesía
pero la hierba sigue siendo verde
el cielo, cielo
el río, agua

Juré que nunca poesía
pero los cuervos taparon
con una roca la luna
¿luna sin luz? Niebla

Juré que nunca poesía
pero, si no soy poesía
si no soy tinta, sangre,
cielos, cólera ¿qué soy?
Nada.

martes, 24 de febrero de 2009

Agujeros de gusano

“Los agujeros de gusano que atraviesan ustedes de un lado a otro de la ciudad, me desconciertan.
¿Recuerdan ustedes al viejo Dan? Pobre viejo Dan no era la típica persona que ustedes podrían recordar. ¡Ni yo! Pero ahora, al subirme aquí arriba y al observar de la ciudad las arterias, tubos, nervios y socavones, agujeros de gusano infecto que son ustedes, he recordado un frase, un detalle, un destello de genialidad que tuvo aquel pobre diablo, pobre viejo Dan, antes de desaparecer entre las grises carnes del monstruo, la metrópoli, Caín y Calibán.
Antes de que ustedes nacieran Dan sería seguramente un florero, enterrador o librero, ya viejo desde que montase el negocio, y apunto estoy casi de afirmar que viejo desde que aprendió a andar. Por tanto es de esperar que como la vida sigue y nunca vuelve hacia atrás, para cuando Dan llegó a este agujero infecto, pobre gris y enjunto, estuviera muerto ya.
Más de mil veces traté en vano de verle una muestra, un rastro de lo que pudiera ser una embalsamación, pero pobre viejo Dan solo callaba y callaba y miraba con esperanza a las puertas de esos vehículos, trastos, máquinas que queréis llamar “metro” y no son sino gusanos dentro del cadáver de la bohemia, la vida y, perdónenme si bebo un trago a favor, lo que un día fue esta ciudad, la gloria.
No crean que porque me tambalee me voy a callar, aun recuerdo los ojos del pobre diablo, pobre viejo Dan. Eran sus ojos cual platos llenos de plata y no me di cuenta casi hasta el final que cuando bajaban los pasajeros parecían ser tragados en las aguas plateadas de estos cuencos. Se sumergían en baño de plata y, de noche, cuando con los ojos abiertos dormía en ellos parecían aflorar las vidas, las almas que el viejo Dan, seguro que como venganza, tragaba de día y recordaba de noche.
Este pobre diablo, Dan, un día, me habló, de noche, bajito y yo me acerqué asombrado por este milagro. No le oía. Me acerqué un poco más y conseguí distinguir, entre susurros que siguiera yo por él su labor, que rescatase de las puertas del metro las vidas que se funden en el gris de las calles, empresas, allí arriba y quizás así encontrase…nada. Calló. Pareció dormir y al día siguiente había desaparecido.
Desde entonces trato de recordar, casi sin acordarme ya del viejo Dan, las caras de ustedes, autómatas, los destellos de vida que en vuestros ojos parezco ver, en busca de lo que el viejo Dan buscaba, sin saber que es y planteándome si algún día lo supo él.”
El mendigo se bajó de la caja que Joe había dejado olvidada en la estación, suspiró, y esperó la llegada del siguiente metro, 3:15.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Las ostras y la economía según mi abuela

Sube la gráfica y baja la gráfica. ¡Vaya! ¡Otra cuesta más! Vuelve a subir y a bajar… debe de ser la crisis. Sí, sí, ésa que tan mal carácter gasta. Sí hombre sí la de los colmillos de serpiente, colmillos de diamante, pero colmillos al fin y al cabo. ¡Venga! ¡Otra vez! Vuelve a subir y ¡chof! A estrellarse, como un huevo frito en la sartén. Pero si ya lo decía mi abuela, algo así no puede acabar bien… no ¡no!


¿Y qué más da? ¡Mozart! ¡Mozart! ¡Otra copa para mis compañeros y otra para mí! ¡Subamos! ¡Subamos todos juntos! Ya llegarán las caídas de bolsa y de bolsillo, mientras tanto… ¿dónde íbamos? ¡Ah sí! Mi abuela. Mi abuela los odiaba, mi abuela nos odiaba. No se puede vivir así, decía. Ella no diferenciaba entre poder y deber y yo no diferencio entre deber y querer. Terrible problema el nuestro. ¡Ostras para todos Vivaldi! Sí, perdón, Mozart, ¡ostras para todos en tu primavera!

Mi abuela diría: no se debe comer ostras en crisis. Pero mi abuela no entendía de crisis. No de éstas al menos, de éstas que se curan comiendo ostras. ¡Pobre mujer! Toda su vida viviendo en la mitad de la gráfica. ¡Cómo nos odiaba! ¡Locos! ¡Viciosos! ¡Monstruos sedientos de lujuria! La bolsa subía con cada una de sus palabras y claro mi bolsillo volvía a bajar. ¡Egoístas! ¡Insensatos! Dos puntos, tres puntos, gráficas arriba y abajo. ¡Ah! Si mi abuela pudiese asomarse por alguno de los picos de mis gráficas ¡mangarranes! ¡desgraciados! Eso nos diría. ¡Pobre mujer!


Mientras tanto comeremos ostras, que ya vendrán tiempos mejores y quizás, con un poco de suerte, un día, en lo alto de la gráfica, una servidora escriba algo que realmente merezca la pena leer.


¡Mozart! ¡Una de ostras!

martes, 10 de febrero de 2009

Notremartre

En la calle St Sulpice, en la tercera farola color verde gastado y mientras amarraba a ella una bibicleta lila alguien exclamó “¡deja volar tu imaginación!” Ya lo había esuchcado antes, pero nunca lo había probado. Por eso lo hizo. Su imaginación alzó el vuelo y lo hizo tan alto que chocó contra el cielo azul y se desperdigó en más de mil pedazos. Parte de sus alas fueron a caer en la mesa de un bar donde un par de jarras de cerveza medio vacías descansaban junto a un paquete de cigarrilllos a punto de morir. Ducados. De los que anuncian una muerte de asco en cada calada. Fue entonces cuando Risto exclamó “vive como piensas si no quieres acabar pensando cómo vives” Cogió su dosis de mortalidad y se fue. Justo frente a ellos por el cristal se colaba la imagen de un par de ejemplares de lo que Risto habría llamado artistas bandálicos. Julien y Marcelo se afanaban en acabar de pintar una especie de ojos encerrados en una jaula de colibrí cuando uno de los mil pedazos cayó sobre Marcelo. Su mano comenzó a moverse y creó la siguiente secuencia de letras “La única verdad del hombre es el momento presente” En ese mismo instante Rosalía, la prostituta que hacía esquina junto a la jaula de colibrí, puso cara de sorpresa y enfadada se dirigió a Marcelo “Si la única verdad del hombre es el momento presente, entonces muramos todos porque la muerte es eterna y lo eterno nunca dejará de ser presente” Dicho esto, cruzando sus zapatos de tacón de cuero rojo en pasos sensuales encendió un cigarro y subió hasta la place du Chocolat donde una pareja de enamorados aburridos de su amor miraba ensimismada cómo un gato negro rebuscaba un suculento manjar en la papelera. Ellos también fueron agraciados con un pedacito de ala imaginativa y se dispusieron a practicar el Arte de Amar. Los besos siguieron a las caricias que se enredaron con miradas que morían en la boca del otro para resucitar en sus manos. Al otro lado de la plaza, sentado en un banco pareja de hecho de una farola repleta de publicidad, el hombre al que todos en el barrio llamaban el poeta, pero que en realidad se dedicaba a vender guantes desemparejados sintió la llegada de las musas que tanto anhelaba y sin pensarlo sacó de su cartera las 3000 pesetas que hacía años tenía reservadas para comprarse un billete a Paris donde le esperaban el resto de las musas. Camino a la estación, el poeta se encontró con Rosalía quien, al ver al pobre desdichado, se ofreció a cambiarle sus ahorros por monedas actuales ya que un cliente suyo era fiel amante de los billetes antiguos y seguro le agradecería tres más para empapelar su habitación de curiosa decoración. El cocinero de “Las rosas azul carmín” culminó ese día “muerte de placer” y su mujer a punto de suicidarse en las vías del tren cogió uno que le llevaría Roma donde conocería a Giovanni, otro agraciado con un pedacito de cielo, que le descubriría el mundo de los gelatti y los gatos. Una paloma en una silla de mimbre, un surfista que coleccionaba azucarillos y un hombre que iba por la calle con escafandra por si alguien le robaba el par de zafiros que tenía por ojos. Así surgió Notremartre.

jueves, 5 de febrero de 2009

POESIA

"Esan ezin direnak esateko ahalegina da poesia"

domingo, 1 de febrero de 2009

IT'S RAINING RAIN

- Zer da hori?
- Euria
- Ziur al zaude?
- Bai, zure atzamarra da euri tanten artean, besterik ez.
- Besterik ez?
- It’s raining rain, that’s all.

Zaparrada Gasteizen 2009ko otsailaren 1ean. That’s all.

sábado, 31 de enero de 2009

-El Padre Vitoriano.-

En lo alto del púlpito, La Biblia de tapa color bermellón y páginas doradas se encuentra sobre el poyete, abierta de par en par, y con una cuerdecita enroscada y unida al libro a forma de marca-páginas preside la parte derecha del altar.

El padre Vitoriano se inclina sobre si mismo para coger impulso y se levanta costosamente. A medida que se acerca ha hacer la lectura, la gente se levanta de los bancos para recibirlo como cada primer Domingo de cada mes.

-Hoy leeré un capítulo acerca de la muerte según San….-

Todos le escuchamos con respeto y silencio y aunque intento no perder ni una de sus palabras siempre me acabo despistando y dejando que mi mente fluya sobre las todo lo que él dice.
Miro de vez en cuando hacía atrás y veo a mi abuela con las manos entrelazándose en el bastón y la cabeza gacha moviéndola mientras dice algo que ni siquiera ella puede oír.
Las grandes cristaleras representan pasajes famosos de La Biblia. Los dibujos no me gustan porque me parecen carentes de sentimientos pero, me llama la atención el juego de colores que se traspasan a través de ellos.
Uno de los monitores se inclina hacia mí y me dice que este atento a lo que dice el Padre Vitoriano, que sino, luego no me dejará comer nada de chucherias en la merendola que hay después de misa.
Hoy temeroso de que cumpla lo dicho, giró la cabeza he intento atender a lo que dice el Padre Vitoriano.
Tendrá más de 60 años y los papos le cuelgan, no demasiado, a causa de la edad. Su pelo negro no tiene más que algunas canas por encima de las orejas. Y por supuesto, siempre lleva sus grandes gafas color sepia y mueve las manos a medida que empieza con el sermón acerca de lo que ha leído.
Empieza reflexionando acerca de la Muerte y como debemos predicar con el ejemplo.
Para la siguiente reflexión, mi mente ya está en otra parte. Pienso en que nada más acabar, correré escaleras abajo para poder coger un puñado de gusanitos y un vaso de bebida y que luego jugaré a ser Piratas o a quién sabe que otras cosas con el resto de niños.
Poco a poco, voy dejando de planear lo que haré cuando acabe, y empiezo a pensar acerca de La Muerte y acerca de todo lo que habla el Padre Vitoriano. Es tan difícil seguirle el hilo sin despistarse que desde hace unos años me entretengo dándole vueltas a las cosas y aprovechando esos momentos para pensar y reflexionar como el Padre Vitoriano acerca muchas cosas.
Muchas cosas… De vez en cuando, me pregunto si todo el mundo hará como el Padre Bitoriano y yo intento hacer, y se preguntan casi a diario y en mi caso, cada vez con más frecuencia, acerca de La Vida, La Muerte y todo lo existente en general. Me respondo a mi mismo que no, porque si toda la gente hiciese como él he intentasen pensar y predicar con el ejemplo, no ocurrirían muchas cosas malas que pasan.
Al finalizar la misa y el Padre Vitoriano dice:
-Podéis ir en Paz.-
Todos los niños corremos ruidosamente escaleras abajo hacia donde han puesto la comida.
Al rato, veo al Padre Vitoriano sentado en una silla esta vez con la ropa de calle: Todo de negro menos el alzacuellos blanco. El también me ve y me llama con una sonrisa en la boca.
Yo voy al trote.
-David, ¿Te importaría acercarme un vaso de vino y un pedazo de queso?-
Yo cual perro fiel corro a por lo que me ha pedido y se lo traigo.
-Muchas gracias hijo. Que Dios te bendiga.-
Yo me quedo callado y me miro a los pies. Es tal el respeto que le tengo que me pongo nervioso y él lo sabe y sonrie.
Coge el vaso de vino y le da un largo trago. Me quedo absorto viendo como se le mueve la nuez mientras bebe y él deja el vaso sobre la mesa y me dice riendo:
-Tú no bebas eh?-
-No, Padre Vitoriano.-
-¿Has estado atento a lo que he dicho hoy?- Yo respondo efusivamente con la cabeza que sí.- Bien. Lo importante es que lo pongas en práctica y que prediques con el ejemplo.- Yo le escucho absorbiendo cada una de sus palabras. No se si porque me interesan o por el respeto que le tengo.- Tú tienes mucha imaginación y ya he visto que en muchas ocasiones, te despistas y te tienen que llamar la atención.-
-Lo siento.-
-No hijo. Jamás reprimas tu imaginación. Compártela. Expándela hasta que ocupe todos los recovecos de tu cuerpo. Siempre ten esa imaginación de niño cuando seas mayor. ¿Sabes lo que decía Jesús acerca de los niños?- Yo muevo negativamente la cabeza aunque lo se perfectamente, pero quiero escucharle.- Dice: “Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos” Recuerda esto hijo: Nunca dejes que nadie te separe del niño que eres ahora. Sigue con esa ilusión por la vida, que nos demuestras con tus historias, y jamás te rindas por pensar que eres diferente por no seguir a los demás como ovejas. Tú eres un pescador de hombres, no un pez más. Venga, ya te he aburrido bastante, vente a jugar con Marcos y con Marta.-
-Adiós.-
-Adiós, David. Y recuerda lo que te he dicho….-

Por suerte, siempre he tenido en cuenta lo que me decía el Padre Vitoriano y me gusta pensar que él me enseño a sentir, a pensar en cierta medida, predicando con el ejemplo que nos daba en cada una de sus reflexiones. Siempre le tuve mucho respeto y para mí siempre será una persona admirable aunque tan solo tenga un vago recuerdo de él. El día 30 de Enero del 2009 a la 1 del mediodía, el Padre Bitoriano moría por una enfermedad intestinal. No sabía nada de él desde hacía más de 4 años y ahora, me arrepiento de no haber intentado saber que había sido de él. Esta pequeña historia la escribo por y para él. Ya que, si no hubiese sido por sus interminables sermones, yo nunca me habría despistado lo suficiente como para darle tantas vueltas a las cosas y seguramente no sería el que soy hoy. Tan solo eso. Quería que se supiese algo sobre otro héroe infantil que cae y agradecerle todo lo que me enseño aunque él nunca lo haya sabido.

lunes, 26 de enero de 2009

SIGUE BUSCANDO

Los compañeros de clase se habían reído durante años de él en el colegio, su jefe llevaba años humillándolo ante los demás empleados y las solteronas del cuarto murmuraban cuando pasaban a su lado mientras le miraban las botas siempre llenas de barro. Pero lo que no podía soportar es que aquella tapa de yogourt se mofara de él de aquel modo. Allí, posada en la encimera de la cocina, su reverso de aluminio le mostraba, manchadas por restos de derivado lacteo con forma de sonrisa burlona, las palabras de su suerte en el sorteo de una vespa “Sigue buscando”
Pero ¿qué podía saber aquel vulgar tarro de un postre inmundo sobre su vida? No podía dejar de leer aquel par de palabras, se le habían quedado pegadas en el paladar junto a la acidez del biobífidus que había ingerido.
Pensó que ante tal burla lo mejor sería huir tal y como había hecho siempre.

Salió a la calle y tomó el primer tranvía que paró en la parada junto a su casa. Se sentó y al instante decidió que prefería permanecer de pie. “Sigue buscando” escuchó. Aquello era demasiado, que un par de niños que rascaban un boleto de una chocolatina conocieran sus inquietudes más íntimas era superior a él. Vale que una tapa de yogourt conozca tus pensamientos más profundos, pero ¡aquello no eran más que dos críos!
Se bajó en la siguiente parada. Huyó desesperadamente.

Avanzaba desorientado, con paso distraído sin saber dónde ir, pero sabiendo que debía huir, porque era lo que siempre había hecho, porque era lo que siempre había funcionado. Cruzó varios pasos de cebra y varias carreteras sin señalizar, pasó frente a dos farmacias, una frutería y tres cafeterías, siempre mirando distraído las cortinas de las casas y la luz que se colaba entre ellas, la luz que como él huía de las casas acogedoras. De pronto, una forma humana de cabellos rizados, corta estatura y cuerpo perfectamente formado apareció frente a él y con una voz con sabor a yogourt azucarado formuló las palabras que tanto tiempo había deseado escuchar en boca de alguien “¿Buscas algo?”

jueves, 22 de enero de 2009

Arkubeleko plazan


Si cogiese, y digo si cogiese porque sabes que no lo haré, no insistas. No quiero decir que lo haga, pero si cogiese esa silla de madera que sostiene los últimos libros de Maf y la plantase junto a las briznas de curcubita que el alcalde no consiguió arrancar, en medio de la plaza, erdi erdian, Arkubeleko plazan…
Si lo hiciese me subiría a ella, miraría al cielo y contaría la historia aquella, ya sabes tú cual, aquella que Maf siempre me prohibió contar, la que descubría la verdadera rebelión de Prometeo. Prometeo no robó el fuego a los dioses, sino las palabras, el verdadero poder, verdadero ingenio, palabras como amor u orgullo. Palabras como anaia o zuhaitza. Y ellos, como castigo, nos maldijeron con otras como patria o ira, beldurra. O guerra. Transformaron palabras hermosas como lurra en palabras corruptas, asesinas como tierra.
Si la contase…si la contase o contara los niños verían por un segundo, como un destello, las verdaderas cadenas, las verdaderas alas, el poder que mueve el mundo con más fuerza que la pólvora. Verían como las palabras nos esclavizan y nos hacen libres y el más libre de todos es el que sabe quedarse con las que considera suyas, saborearlas, paladearlas y saber soltarlas al viento, que se multipliquen, vivan y, finalmente, mueran.
Por esa historia Tuk se sentó bajo el árbol y no dejó de susurrar durante las horas que quedaban de sol, liberaba las palabras del libro que encontró bajo el banco del ayuntamiento, las expulsaba, desterraba de su mente.
Maf nos dijo que lo fuéramos, que fuéramos libres digo, y luego se fue, junto al dueño de la silla, el último cuentacuentos de Arkubele, por ser libre ella también. Porque en Arkubele no podemos liberar palabras. No desde que el cuentacuentos llevó la silla a la plaza y lo dijo, liberó de verdad la historia, y su final:
Ala bazan ez bazan, sar dadila kalabazan eta atera dadila Arkubeleko plazan.
Y la historia brotó en mitad de la plaza, de pronto, en forma de curcubita inarrancable y sigue allí, solo necesita crecer más. Solo necesita que alguien vuelva y la cuente y libere de palabras Arkubele.
Si cogiese, y digo si cogiese, tan solo condicionalmente cogiese, todo sería distinto. Y todo cambiaría. O cambiase.

jueves, 15 de enero de 2009

Lo que fue de la caja que Joe dejó olvidada en el banco rojo de la estación.

La caja, sentada en el banco, esperaba al tren de las tres treinta. Alexey, abandonado, olvidado en el banco de la estación, esperaba a las tres treinta. Supongo que era su destino encontrarse.
Ella era una caja de cartón, pequeña, treinta centímetros cúbicos de acartonado misterio. Alexey guardaba dentro de su cuerpo ojeroso y descuidado cartas, retratos y algún que otro calendario.
Supongo que fue el destino también el que empujó a Alexey a tomar la caja y a subirse al tres de las tres quince.
La colocó sobre el escritorio de su apartamento y la miró.
Ahora bien, es curioso como el hombre puede deshacerse de su propia alma. Puede dejarla abandonada en un beso callejero o puede volcarla en un proyecto inútil como un avión de papel de tamaño natural- con el que volar hasta el Kilimanjaro, dirá- Alexey…Alexey sin embargo podía decidir dónde dejarla y qué hacer con ella, consigo mismo, con su persona. Tras años de trabajo monótono había explorado su mente en innumerables expediciones y, en una de ellas, se encontró a sí mismo, acurrucado, huyendo del mundo. Una vez localizado, el alma es fácil de mover, volcar, regalar o transformar.
Miró de nuevo la caja, tomó un papel amarillento del escritorio, probablemente un jubilado posavasos con restos de café y escribió:

Y Enero entrará por tu ventana, no la cierres. Estoy en el viento. Y los suspiros saldrán de entre tus labios. No los contengas. No me hagas de nuevo prisionero.

Antes de volcar su alma completamente en estas líneas, dejó a su cuerpo, colgado de una prominencia muy marcada en el cerebro, las instrucciones a seguir: habría de llevar la caja hasta el puente más alto y dejarla caer.
Su alma, unas pocas frases sin ritmo, entraron en la caja. Alexey entró en la caja.
El cuerpo de Alexey la tomó en brazos y la fue a tirar al río Loira. Y en el puente…tuvo que pasar en el puente.
Ella estaba sentada en el puente y le preguntó que qué llevaba en la caja. Alexey les oyó preocupado desde la caja. Me debí dejar el corazón encendido, pensó. Maldición.
El cuerpo de Alexey, mucho más decidido de lo que lo fue él nunca, siguió a la chica por la vera del río.
Se llamaba Elisa.
Un día, un mes después, el cuerpo de Alexey corría hacia casa de Elisa. Se sentó por el camino. No era tan independiente como para soltar de la caja. Y la caja pesaba. Ps, Alexey. Un trato es un trato, se dijo desde la caja. Lánzame de una vez al río.
-Pero entonces yo…no podré vivir.
No.
-Elisa.
Olvídalo. Es toda una vida. Demasiado tiempo. Esto es el final. Acabemos con ello.
El cuerpo anduvo despacio hasta el río mientras, poco a poco se daba cuenta de que no tenía un alma que ofrecer, y si la daba, si la regalaba, si se la entregaba…Si la entregaba tendría que…pero tampoco era completamente suya. Era eso. Un alma. Sin corazón. Era un ser radical mente idealista que no pensaba más que por sus tres frases. Palabras.
Ni su alma era suya. Nada era suyo. Este mundo, definitivamente, no era suyo.
Llegó al puente.
Elisa fue al puente como cada mañana, solo encontró la caja. La caja de Alexey. Nunca le había dicho qué contenía.
Empezó a llover. La guardaré yo o se mojará, pensó.
Pero Alexey no apareció ni al día siguiente ni al mes siguiente. Alexey no apareció. Sus ojos, se decía ella, tiene licor en los ojos. Resbala, plateado como por una botella medio vacía y me emborrachan. Dos meses. Sus manos, se decía, sus rasgos, perfectas líneas. Tres meses. Alexey. Suspiraba.
Al cuarto mes, abrió la caja:
El alma de Alexey, dentro, entrecerró sus –teóricos-ojos ante la claridad. ¿Qué habría pasado…?

Y Enero entrará por tu ventana, no la cierres. Estoy en el viento. Y los suspiros saldrán de entre tus labios. No los contengas. No me hagas de nuevo prisionero.

Un papel manchado, y unas frases.
Era Enero. La ventana estaba abierta. Suspiraba. Alexey.
Terminó Enero y, su último día, partió en mil pedazos el papel manchado y los lanzó por la ventana abierta. “…Estoy en el viento…”
Tomó la caja y la llenó de botes de pintura roja.
Elisa era pintora.
Un día de Abril corrió por los andenes con un bloc de notas y se dejó la caja olvidada sobre el banco rojo de la estación de tren.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Tres líneas

Su biografía eran tres líneas sobre un mohoso papel de periódico Podría haber sido peor, podrían haber estado en una agenda, o un documento Word, html, pdf, xml o, simple y llanamente, doc. Su biografía eran tres líneas con sabor a plomo. Su biografía…si olías el papel de periódico su biografía olía a café y a humo. ¿O era ese el hábitat del periódico en cuestión? Prefiero pensar que era su recuerdo el que olía a café, a humo de tabaco, a una mesa arrinconada. ¿O a tinta? Sí, también olía a tinta, como no. ¿O a pájaros? ¿Y faroles? ¿Y tejados? Bueno, sin pasarnos, que son tres líneas. Tres roñosas y reducidas líneas.
¿Tres líneas por una ración de bohemia? ¿Tres líneas en honor a la casualidad? ¿Tan solo tres líneas por lo que hizo que se abriesen las puertas y ventanas del mundo para nosotros?
Por el que nos empujó a juntarnos. Por el que nos empujó a soltarnos. A desvariar, a hundirnos, a levantarnos, a estallar de mil formas distintas. A atrevernos. ¿Tres líneas por un cambio? ¿Tres líneas por la inspiración?
Tres líneas sobre un mohoso papel de periódico. En un bar. Afuera llueve, jarrea, caen peces plateados y las vías del tren se oxidan. Tres líneas:

El 2008 concluirá el próximo 31 de Diciembre y con él dejamos tras nosotros un año más de actualidad social y económica. Gracias por haber estado con nosotros este año de momentos felices y grandes cambios.

Tres líneas por el 2008. Trs roñosas líneas. Tres líneas por una pizca de soma en el café. Tres líneas por ser un poco más feliz, levantar la vista y ver esos ojos. Por esa mirada. Qué no te escribiera yo por una más de esas miradas…

Que el año que viene no de por finalizado este blog ni las historias que en él se encuentran. Que los autobuses a Madrid sigan con un precio razonable dentro de unos años y que no nos olvidemos los unos de los otros. Que algún día nos acordemos de este año y sonriamos.

Mis mejores deseos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Algodón

Enrique se levantó con la cabeza llena de algodón. Suave y blanco algodón. El mundo era blanco. Suave y esponjoso algodón. A white lie, una mentira, blanca, suave, de algodón.
Asomado a la ventana sintió que podía volar, junto a las nubes. Las nubes no eran sino el humo del tren que pasaba bajo su casa volviéndola negra de carbón. Pero aquel día no hubo humo más blanco, humo más algodonado que el del tren de las cuatro y media a Madrid y más blanco que el de las seis cuarenta a Lisboa. Ni qué hablar del de las siete a París. El humo era tan suave como una eau de toilette.
Y así, sumergido en volutas blancas sobre el cielo azul, bajaba a trabajar a la cafetería de la estación. Daba tragos de leche a ratos. La leche blanca cómo el humo que se perdía hacia Lisboa y dejaba tras de sí una fina señorita de Bayona de piel tan pálida cómo el marfil o la cabeza de algodón de Enrique. Llevaban tacones blancos y sombreros a juego. Su piel no cambió de color cuando el camarero derramó un poco de leche sobre su mano. Blanca cómo el algodón. ¿Sería tan suave cómo parecía? El hombre con la mente entre algodones tomó su mano y la besó. Ella le dirigió una sonrisa de carmín rojo y corrió a tomar el trasbordo a Madrid. Tras los ojos de Enrique, el algodón se tiñó de rojo carmín. Rojo, cálido y cremoso carmín. Sensual carmín.
El mundo pasó de ser una mentira piadosa a una espiral apasionada. El atardecer se tiñó de rojo y Enrique, camarero de la estación que nunca subió a un tren, soñó con correr hacia Madrid en busca de otra sonrisa, más carmín. Más pasión. Carmín.
Pero se hizo de noche. Llegó a su piso sobre la vía, se tumbó sobre la cama y todo se tiñó de rojo. Carmín, suspiró. Carmín.
Los trenes no dejaban de pasar bajo la ventan. Terremotos, explosiones de lava. Enrique tomó el algodón que había sobre la mesilla y, pensando en rojo, se puso unos tapones de algodón. Pero el algodón desaparecía casi en cuanto tocaba la oreja y tenía que usar más y más algodón, suave algodón hasta que su mente se llenaba, rebosaba, y los trenes dejaban de oírse.
A la mañana siguiente se despertó, cómo siempre, con la mente llena de algodón. El mundo no era sino a white lie y el humo del tren, esponjosas nubes. Casi blanco papel.

lunes, 8 de diciembre de 2008

-Pipoleto y Mauricio.-

¿Y cómo fue?
Pues él, sentose ahí donde se encuentra el tapiz desgarrado y el otro, como siempre, a su lado.

Pianista y violín.
Violinista y piano.
Pipoleto y Mauricio.
Este fue el último lugar, donde ellos tocaron.

Empezó el piano acallando las voces que inundaban el espumeante ambiente a causa de las pipas y los cigarros y seguidamente empezó un chillido agudo, desbarajustado, que al tiempo que con sus desgarradoras notas prendían los corazones de las fulanas y las consumiciones de los gualdrapas, parecíase también que estuviese tocando un gato en vez de aquel violín de madera áspera y simplona.

La gente callóse, las jarras se parabanse en las mesas y los cigarros en ceniza se convertían en las bocas de los mineros.
Pipoleto balanceabase al son y a la luz de un gran candelabro estilo judío siguiendo cada una de sus curvaturas y dobleces. El violín se deslizaba sobre su hombro como un barco del inmenso mar en una tormenta enojada. Era tal su balanceo y su delicadeza que violín y Pipoleto mezclábanse engullidos por las notas y los humos que al final, diferenciarse no se podía entre quien tocaba, manejaba y acariciaba a quién, y quién se balanceaba sobre quién. Como si violín tuviese cuidado de no dañar el hombro de Pipoleto al acunarlo sobre su madera simplona y áspera.

Mientras, Mauricio y piano hacían lo suyo. Las teclas parecían no acabar y a cada una que tocaba otra más añadiase a la cadena y así, estas iban cogiendo forma y rodeaban el antro: Entre las patas de las mesas, entre las enaguas de las mujeres, entre los bigotes llenos de espuma de cerveza de los hombres borrachos de trabajar. Y seguían moviéndose, esquivando, desvaneciéndose como una gigantesca serpiente de marfil y negro.

Seguían un rato así, hasta que del flequillo de Pipoleto caía una gota de sudor sobre violín y entonces el sonido al chocar contra la áspera y simplona madera despertaba a Pipoleto de su ensoñación de bailes con candelabros judíos y luces y sombras y chasqueando la lengua, empezaban in crescendo.
El arco empezaba con sonidos bajos, burdos y picarescos y al tiempo que el tono aumentabase su complicidad y dificultad para con el resto, parecía que el brazo de Pipoleto y el arco con el que tocaba con gran maestría multiplicabase y cuando no cabían más en un mismo violín saltaban y se abalanzaban al vacío pero, en el momento clave de chocar contra el suelo los recogía otro violín formado por la multitud de notas, por las ansias del público por no parar hasta que sus tímpanos dijesen hasta aquí hemos llegado y explotasen.
Y por el humo, el frío y al mismo tiempo, el calor que el antro impregnaban.

Así, en cuestión de segundos un ejército de violines seguían los ágiles movimientos de Pipoleto al violín y Mauricio al piano. Pipoleto juguetaba velozmente con los sonidos y su violín formulaba preguntas que al unísono su sequito de violines imaginarios respondían en un estruendoso afán por seguir el ritmo que Mauricio y su serpiente bicolor les proponían. Aumentaba la velocidad, los sonidos, los violines, las teclas de marfil y negro, los latidos… hasta que llegaba un momento en que el ejército se sublevaba, Mauricio ni siquiera tocaba las teclas, su serpiente se consumía lentamente y Pipoleto seguía ya no con sensuales caricias y dulces movimientos sino con brutales segadas con el arco sobre las cuerdas del violín que humo sacaban como los cigarros y parecía que fuera a partirlo por la mitad.

Finalizaba con dos últimos movimientos. Brutales, rápidos y contundentes que por la entrega y afán de espíritu, que acababan y volvían a encerrar al conjunto de violines que en cada actuación querían separarse de alma y ser tan solo cuerpo, Pipoleto en esa milésima de segundo después de encerrar a sus criaturas miraba al cielo con la cara chorreante de sudor y su cuerpo se desplomaba sobre la silla que detrás suyo siempre tenía para ocasiones en las que la fatiga de su espíritu no pudiese ser aguantada por su escuálido cuerpo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Hoy puede ser un gran día...

" El que es sabio, sólo es sabio porque ama. El que es loco, sólo es loco porque piensa que puede entender el amor"

A orillas del río Piedra me senté y lloré, Paulo Coelho


http://es.youtube.com/watch?v=ysZ1JkBS7Ps

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Un grito

Nadie antes había contado jamás una historia tan angustiosa, tan ahogada y atrapada que parecía imposible de leer por la dificultad de avanzar entre sus densas líneas de sufrimiento contenido. Porque nunca antes nadie había escuchado la historia de un grito. La vida de ese grito que murió antes de nacer. Atrapado en las cuerdas vocales de una garganta encadenada. No podía salir, pero tampoco podía siquiera huir a la boca del estómago porque su fuerza era tal que su rabia contenida lo obligaba a luchar por permanecer en el epicentro de la desolación.

Jamás nadie podría imaginar la encarnizada lucha de ese girto por aflorar y poder contar su historia. Poder dejar que su pena volase entre los árboles desnudos y se colase por las rejillas de las ventanas entreabiertas y las chimeneas humeantes de aquel invierno gélido.

Su esfuerzo imperioso quiso aliarse con un par de lágrimas que encarceladas en dos cuencas oscuras no conseguían escapar de su cautiverio.

Era tal el dolor y tan hiriente la desesperación de aquel grito que un enorme grupo de nubes grises de tristeza lo cubrieron y dejaron que truenos y relámapagos lo ayudasen en su huida. Pero no podía, era imposible, estaba atrapado en la impotencia y la desazón. Adherido a las paredes de una garganta que se negaba a dejar nacer semejante efluvio de infelicidad y amargura.

Las nubes comenzaron a disolverse y el viento que pretendía arrancarlo con su fuerza huracanada se convirtió en una neblina que se deslizó suavemente por las fosas nasales para llegar hasta él, envolverlo y congelarlo para siempre en aquel gélido invierno de aquella garganta prisionera de su propia voz.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Be alive! Zangolotino

Be alive!

Zangolotino be alive! Be alive en una pasquina en blanco y negro. ¿No ves que ahí afuera está lloviendo? ¿a qué esperas?

Wait ¿lo oyes? Es el sonido de… mmmmmm ¡exquisito!

Sigámoslo, sí, ese sonido con sabor a…

¡Un farol! Zangolotino ¡un farol! I’m sorry. Es su luz de las ocho de la tarde ¡qué luz! Mírala bien, mírala Zangolotino

¿Un cigarrillo? Sí, gracias, ¡no! No fumo, pero hoy es diferente Zangolotino, hoy tengo que mostrarte algo. Come on!

¡Qué hermosura! ¡Qué inocencia! Esos ojos tan abiertos, tan vivos. Be alive Zangolotino, BE ALIVE!

¿Lo ves? ¿Ya lo tienes? Parece que es lluvia sí… It’s rainning Zangolotino.

¿Un beso dices? No, thanks, no fumo. Come on! Zangolotino. COME ON! Ya casi estamos.

Un par de escalones más. Nos estará esperando ya. Es tarde ya Zangolotino. ¡Oh! Ahí está. ¡Míralo! Pero no se lo digas a nadie ok? ¿No es wonderful Zangolotino? ¿Lo ves bien? Ese farol redondo de luz blanca entre los tejados. Pero no se lo digas a nadie. It’s a secret, it’s our secret. ¡Qué belleza! Y es nuestro. Nadie lo mira jamás, nadie lo ha visto jamás. Me pregunto quién lo alumbrará cada noche ¿Te gusta Zangolotino? ¿Te gusta?

¿Un beso dices? No, gracias Zangolotino, no fumo.

-Cazamoscas-

¿El hombre es libre?... El hombre es relativo, y la libertad, tres cuartos. La belleza y la verdad según dicen, también. De la verdad, no hay discursión, es relativa. De la belleza no estoy tan seguro. Porque todos somos iguales a los ojos del de arriba por lo tanto o todos somos bellos o afeados. Los más bellos hay que decirlo, son los bebes, que no ven por lo enamorados que están de cuanto descubren y les rodea, hasta que enfocan, y al verse, como Narciso, dejan de enamorarse, empiezan a ver y se enamoran de sí mismos y ya no ven la belleza que les rodea. Tan solo se ven a si mismos y así, empiezan a afearse. Y por eso morimos.
Conclusión todo es relativo.
Se dice que una mosca tras haberse estrellado 378 veces contra la ventana del bar de la esquina y agotada por su ardua tarea decidió posarse en una mesa a descansar. Y se cuenta que la mosca quedose dormida y en su ensoñación soñó que era y se creó en su propio sueño a sí misma junto a todo lo que le rodeaba:
Marisa, la vecina pechugona del 5º de la C/ D. Eufrasio, el cupón premiado abandonado en la acera esperando a que algún afortunado se fije en él, el pañuelo con olor a canela de la anciana que pide limosna en la entrada de la panadería… En fin, todo.
Bueno, se dice que cuando una mosca se percata, piensa y sueña con su existencia y con cuanto le rodea, se crea en su ensoñación todo con su justa relatividad. Así, mientras la mosca sueña, sueña con su sueño y con su existencia y mientras yo escribo o usted lee, la mosca observa en su ensoñación como yo escribo y como usted lee.
Pero, llegó un momento en el que D. Alfonso sentose con el café y el periódico en la misma mesa que la mosca soñaba y que al verla le dio un nosequé y embrolló el periódico y dispúsose a golpearla para acabar con ella pero, no se percató de que la mosca observaba en su sueño como D. Alfonso dispúsose a acabar con ella y con todo.
Con el estudiante de medicina que esperaba al fontanero porque no funciona el agua caliente, con el olor a pan recién horneado… En fin, con todo.
Por ello, si D. Alfonso aplasta a la mosca todo el universo de su ensoñación desaparecerá junto con su propia existencia: Ya soñada, ya relativamente real.
Y como ya he explicado, cuando una mosca sueña con su existencia y con cuanto le rodea, se forma una entrada relativa entre todo, y así somos creación de un cerebro de mosca y de forma inversa al proceso de creación de nuestro universo, D. Alfonso puede acabar consigo mismo y con todo al aplastar a la mosca que sueña con su propia muerte con Marisa, D. Alfonso, el olor a pan recién horneado, el pañuelo con olor a canela, un servidor, el estudiante, la C/ D. Eufrasio, usted estimado lector… En fin, con todo. ¿Quién le a dado permiso al grosero D. Alfonso para acabar con todo el universo? Ahora mismo podríamos desaparecer de la ensoñación de una mosca y así esfumarnos como el humo del cigarrillo de ese futuro genocida.
Por eso, disfrute del pan recién horneado, juegue en los columpios en vez de estar preocupado por si el crío se hará daño o no. Hágase usted daño y que el crío se preocupe por usted. Regale una rosa a una chica con sonrisa de canela, miré todos los cupones tirados por la calle, no le dirija la palabra a D. Alfonso. ¡Menudo grosero¡
Baile consigo mismo al son de la sinfonía de un grupo de grillos borrachos de Anís mientras, un bebe en su bella ceguera disfruta de su danza antes de afearse pero, sobre todo, ¡Cace moscas!, por si acaso.

Nunca se sabe que pueden estar soñando.